Educar para la alegría

La interdisciplinariedad: pensando en los niños de año 2050

Posted on: 24 julio, 2017


Ivonne Fabiana Ramírez., César Maldonado S., Richar Villacorta G.1ro de mayo de 2017

Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca – Comunidad de Educadores para la Cultura Científica 

Se dice que los primeros 1000 días del niño (UNICEF, 2015) son determinantes para su vida futura, lo que supone que durante el proceso de formación profesional las ciencias deben conversar e interactuar sobre salud, educación, economía, medio ambiente, socialización, apego, visión de mundo, significaciones y sentidos que no sólo emergen de la madre o la familia como unidad, sino del colectivo comunitario.

Introducción

La formación universitaria desde la parcelación de la ciencias (Morin, 2002) demarcado la forma de intervenir en la salud, la educación, la socialización, el apego del niño, desde las ciencias médicas, las ciencias del comportamiento, la psicología, la pedagogía, las ciencias de la educación y otras, estableciendo fronteras que se erigen como muros que impiden a los estudiantes desarrollar una mirada desde la globalidad del niño y la complejidad del medio donde está inscrito.

Las definiciones tradicionales delo que es la familia “funcional”, para citar un ejemplo, son teorizadas y las más de las veces no se aplican a la realidad, los procesos de pobreza, desertificación y migración de las familias hacia un nuevo hábitat han mostrado que hay necesidad de reformular nuestras “recetas” y pensar en los niños del año 2050.

La problemática de la salud, para citar otro ejemplo, es vista desde la biomedicina del continuo de la vida en Bolivia, y aún tiene muchos desafíos, pues debe superar el modelo biologicista y patogénico donde se consideren la inclusión de “variables” socioeconómicas, culturales, medioambientales y de otras índoles, de manera que los equipos de salud sean más integrales, vale decir transdisciplinarios.

La Universidad, en vez de alejar de la realidad, para impartir una especialidad aislada, debería atender el proceso de incorporación y de diálogo de la ciencias que intentan encargarse de solucionar los desafíos que la realidad ofrece y de plantear soluciones dialogadas, integrales que pasen por la interacción entre las distintas especialidades. Esto es, que la universidad no aísle al especialista, sino que lo incorpore al mundo de la interacción.

La visión de mundo, significaciones y sentidos emanan desde la madre o la familia como unidad, del colectivo comunitario. El niño se piensa y se proyecta, se practica desde la experiencia previa, las visiones e ideales que la comunidad y la familia ya practican. La naturalización de los sentidos, junto a la imposición de ellos fue postulado por Foucault (1976) desde la perspectiva de poder. El niño, por su educación y socialización, devienen a medida de lo que se le inculca. Si la educación no los postula comunitarios, lo que lleguen a ser será la práctica de su parcialidad y de su mundo escaso, concebido como totalidad. La socialización en comunidad, por tanto, puede ser el primer paso para el diálogo y la transdisciplinariedad.

¿Hacia dónde va la formación para la atención de los niños en el año 2050?

Las ciencias deben dialogar y discutir la problemática de la mortalidad infantil y la salud materno infantil y para ello, sin duda la Universidad debe ser ese gran escenario donde se debatan estos temas, pero además donde se geste el cambio en el proceso formativo en los futuros decisores de políticas públicas sobre las infancias.

Los objetivos 4 y 5 del milenio expresados en la declaración de la Cumbre de las Naciones Unidas (2000) hacen parte de lo que se ha denominado el binomio madre-niño, no deja de tener relación con los objetivos 1, 2, 3, 6, 7 y 8 que forman parte de la problemática en países como Bolivia, donde muchas veces la multicausalidad para los objetivos de análisis de este artículo radican en los anteriores. A 17 años de su promulgación, continúan siendo un desafío como lo son para la agenda patriótica del estado plurinacional de Bolivia.

Tabla 1. Los 8 objetivos del milenio (NACIONES UNIDAS, 2000)
1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre
2. Lograr la enseñanza primaria universal
3. Promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer
4. Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años
5. Mejorar la salud materna
6. Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades
7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente   
8. Fomentar una alianza mundial para el desarrollo

Cuando se trata de hablar sobre el crecimiento y mejora de la sociedad actual, se ha repetido muchas veces, primero los niños, y ahora escuchamos decir primero los adultos, al parecer se trata de que hay varios primeros, se trata de priorizar el diálogo transdisciplinar, rompiendo las fronteras entre de enseñanza y aprendizaje de las ciencias y entretejiendo la salud con la educación, la salud con el medio ambiente, la salud desde la pobreza y la inequidad, la educación y la pobreza, la educación y el medio ambiente y así retomar el curso dialógico, recursivo y hologramático del tema.

Estudios anteriores en universitarios de las diferentes ciencias ha mostrado que los del área de salud y educación no se interesan en temas relacionados con la tecnología y la economía, lo que denota la influencia de la mirada parcelada de la academia como muestran estudios anteriores (Ramírez, Maldonado, Villacorta; 2016). Y es la misma sociedad la que respalda estas nuevas prácticas, pues si hablamos de la influencia de la academia es relativamente nueva en relación a la forma de abordaje más multidisciplinario que tenían los no académicos, empíricos cuya mirada de mundo era más integral y compleja al momento de abordar la salud y educación del niño, donde la familia era comunitaria además.

Conclusiones

  • Los niños del mañana podrán jugar felices por las plazas, si los docentes del hoy enseñan a los futuros profesionales a trascender las fronteras de su ciencia para pensar más en éstos que en el conocimiento, en el niño más que en el diagnóstico.
  • Niños que puedan ser mejores que la generación que la precede debido a que conocen más y aceptan más a los demás, atraen mentes y especialidades diversas y saben dialogar con ellas. Que sepan practicar su realidad local y universal en una suerte de concierto con conciencia.
  • La educación que no vele por el otro, lo diverso y el diverso será una que siga repitiendo los sistemas de parcelación y especialización practicadas sin diálogo ni comunicación entre ciencias desde la integralidad, su comunidad y su felicidad y armonía.
  • Una educación que no sea creativa, desafiante, crítica ni innovadora seguirá perfilando ideales que no condicen con la realidad que desafía ni con la utilidad que debe darse a la ciencia y a la tecnología para resolver los asuntos más urgentes y que beneficien a todos los niños del año 2050.
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