Educar para la alegría

La frase mágica: ¡Vamos a jugar!

Posted on: 17 noviembre, 2016


 

Sea en la situación que sea, estés con quien estés…si pronuncias esta frase ¡Todo cambia!

En la cara de los que te rodean su expresión muta: los ojos brillan, los músculos se relajan, los labios comienzan una sonrisa.

Cuando esos que te rodean son niños el efecto es más mágico, generas una ilusión…

Cuando los que te rodean son adolescentes el efecto es más tenue, no esperan magia ni ilusión, lo más es relajación.

Cuando ya son adultos sólo logras abrir un paréntesis en sus mentes y llamar su atención (no siempre esperan algo positivo, recuerden sino cuando están en un curso y el ponente dice que va a desarrollar alguna dinámica de grupo…).

Esto que acabo de exponer imagino que todos lo hemos vivido y experimentado; pero también se lo hemos provocado a los demás y tenemos constancia (al menos intuitiva) de que algo cambia en la mente.

Un estímulo sorprendente tiene un mejor procesamiento en nuestra memoria a corto plazo y una mayor probabilidad de mantenerse en nuestra memoria a largo plazo

Sorprender es sinónimo de asombrar, de despertar sensaciones capaces de potenciar la sensibilidad individual y colectiva

Dice Ken Robinson: “Los niños arriesgan, improvisan, no tienen miedo a equivocarse; y no es que equivocarse sea igual a creatividad, pero sí está claro que no puedes innovar si no estás dispuesto a equivocarte, y los adultos penalizamos el error, lo estigmatizamos en la escuela y en la educación, y así es como los niños se alejan de sus capacidades creativas”.

El profesor no está preparado para ser sorprendido

No nos gusta lo inesperado, nos gusta que todo lo que preparamos salga estupendo, que todos los niños aprendan a la misma velocidad, que no surjan preguntas incómodas, que nosotros (los poseedores de la verdad) podamos contestar siempre.

No pasa nada, cuando no sabemos, lo reconocemos y lo buscamos por la tarde y lo resolvemos en la siguiente sesión. Si alguien nos ayuda…muchísimo mejor.

Estoy mezclando dos de los epígrafes: las emociones y la sorpresa, están íntimamente relacionados.

Si somos capaces de despertar esa parte del alumno que no quiere aprender, que no está motivado, que no tiene su mente preparada para nuevos conocimientos, que no quiere sorprenderse…entonces dará igual el arma que utilicemos: una historia, una viñeta, un chiste, un juego, una práctica de laboratorio, un objeto que nos permita introducir la sesión…da igual sólo tenemos que provocar una emoción positiva en él. El resto viene solo.

 

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