Educar para la alegría

Archive for noviembre 2016

La práctica más común es la de fragmentar el trabajo y repartirlo entre ellos en forma “equitativa”, y olvidan sus capacidades (virtudes/fortalezas).

Generalmente tienden a desarrollar solo “la parte que me toca” y pierden el contexto global, al igual que la posibilidad de entender a un nivel más profundo los fenómenos o temas que se estudian en ese momento.

Individualismo

Por lo regular lo que aprendemos a lo largo de nuestra formación escolar se integra en nuestra forma de ser y de trabajar y por lo tanto e transforma en parte de nuestra práctica profesional.

Es muy común encontrarse con personas que sólo  se preocupan por desarrollar en tiempos “la parte que me toca”, y al preguntarles como se sentían siempre respondían con frases similares “me agrada más trabajar solo”, “todo mundo hace lo que quiere”; a eso le agregamos un sentimiento apático de integración al proyecto, institución u organización. Tienden a ser individualistas y esta actitud puede llegar a crear conflictos entre individuos o diferentes áreas administrativas de una misma empresa.

Los estudiantes son personas en formación, constituyen un terreno fértil para desarrollar estrategias que les permitan lograr sus objetivos en armonía con los de sus compañeros.

¿Cómo podemos cambiar esto?

 En un equipo trabajo colaborativo, retroalimentación, y el uso de sus virtudes.

Existe un objetivo común.

Hay granularidad en los valores éticos de cada uno de los integrantes y en el del equipo, por lo tanto los valores de cada miembro son los valores del equipo.

Se desarrollan habilidades colaboración en las tareas asignadas, así como en la solución de conflictos.

Existe una interdependencia positiva entre los miembros del equipo, en donde se desarrolla comunicación, confianza y liderazgo.

Crea estrategias de trabajo.

Lluvia de ideas

Lista de actividades calendarizadas.

Al principio, la mayoría de los estudiantes tiende a repetir el tipo de trabajo al que están acostumbrados, sin embargo, después de insistir y corregir las desviaciones al modelo de equipo colaborativo, tienden a integrarse y por lo tanto a desarrollar los valores de responsabilidad, puntualidad, desempeño, critica constructiva, negociación (para la resolución de conflictos), puntualidad, limpieza y creatividad.

Es importante reconocer que el hecho de que cada uno tenga habilidades distintas, lejos de ser un obstáculo, nos enriquece, ya que podemos aprender de otros profesionistas y además aportar sobre los temas en los que somos expertos.

Como resultado tenemos un buen equipo trabajo interdisciplinario, donde ningún profesionista debe sentirse superior a otro, sin importar su escolaridad o rango en la empresa u organización. Lo valioso es reconocer que cada uno tiene habilidades, conocimientos y destrezas que lo hacen mejor en una cierta área de trabajo. Sumando las destrezas de todos se minimizan las debilidades y se logra un equipo fuerte, capaz de generar soluciones innovadoras y eficaces.

Cómo trabajar en equipo?

*Se requiere planificación.

Sensibilizar al grupo en la importancia de trabajar en equipo.

Diferenciar: grupo – equipo.

Identificar  una actividad  que interese.

Indicar los pasos a seguir: ideas previas,  análisis de datos, discusión, investigación, conclusiones.

Es necesario que los equipos tengan como máximo 5 integrantes, cifra adecuada para las edades de 10 a 12 años.

*El maestro observa y evalúa el proceso de trabajo: cómo se desenvuelve el equipo, cuáles son los escolares que se muestran más activos durante el debate, quiénes son los que orientan a los demás, qué argumentos presentan los que discuten, cuáles permanecen pensativos.

*El maestro acompaña, estimula, explica, corrige.

*El maestro realiza evaluación final al equipo.

 

Sea en la situación que sea, estés con quien estés…si pronuncias esta frase ¡Todo cambia!

En la cara de los que te rodean su expresión muta: los ojos brillan, los músculos se relajan, los labios comienzan una sonrisa.

Cuando esos que te rodean son niños el efecto es más mágico, generas una ilusión…

Cuando los que te rodean son adolescentes el efecto es más tenue, no esperan magia ni ilusión, lo más es relajación.

Cuando ya son adultos sólo logras abrir un paréntesis en sus mentes y llamar su atención (no siempre esperan algo positivo, recuerden sino cuando están en un curso y el ponente dice que va a desarrollar alguna dinámica de grupo…).

Esto que acabo de exponer imagino que todos lo hemos vivido y experimentado; pero también se lo hemos provocado a los demás y tenemos constancia (al menos intuitiva) de que algo cambia en la mente.

Un estímulo sorprendente tiene un mejor procesamiento en nuestra memoria a corto plazo y una mayor probabilidad de mantenerse en nuestra memoria a largo plazo

Sorprender es sinónimo de asombrar, de despertar sensaciones capaces de potenciar la sensibilidad individual y colectiva

Dice Ken Robinson: “Los niños arriesgan, improvisan, no tienen miedo a equivocarse; y no es que equivocarse sea igual a creatividad, pero sí está claro que no puedes innovar si no estás dispuesto a equivocarte, y los adultos penalizamos el error, lo estigmatizamos en la escuela y en la educación, y así es como los niños se alejan de sus capacidades creativas”.

El profesor no está preparado para ser sorprendido

No nos gusta lo inesperado, nos gusta que todo lo que preparamos salga estupendo, que todos los niños aprendan a la misma velocidad, que no surjan preguntas incómodas, que nosotros (los poseedores de la verdad) podamos contestar siempre.

No pasa nada, cuando no sabemos, lo reconocemos y lo buscamos por la tarde y lo resolvemos en la siguiente sesión. Si alguien nos ayuda…muchísimo mejor.

Estoy mezclando dos de los epígrafes: las emociones y la sorpresa, están íntimamente relacionados.

Si somos capaces de despertar esa parte del alumno que no quiere aprender, que no está motivado, que no tiene su mente preparada para nuevos conocimientos, que no quiere sorprenderse…entonces dará igual el arma que utilicemos: una historia, una viñeta, un chiste, un juego, una práctica de laboratorio, un objeto que nos permita introducir la sesión…da igual sólo tenemos que provocar una emoción positiva en él. El resto viene solo.

 

Madrid 18 JUL 2016 – 11:55 CEST

En el año 2010 un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Techonolgy (MIT), en Boston, colocaron a un universitario de 19 años un sensor electrodérmico en la muñeca para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días. El experimento arrojó un resultado inesperado: la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión; prácticamente nula. Los científicos pudieron probar así que el modelo pedagógico basado en un alumno como receptor pasivo no funciona.

ÁLVARO GARCÍA

“El cerebro necesita emocionarse para aprender”, explica José Ramón Gamo, Neuropsiquiatra Infantil y director del Máster en Neurodidáctica de la Universidad Rey Juan Carlos. En el último lustro, en España han aparecido diferentes corrientes que quieren transformar el modelo educativo y una de ellas es la neurodidáctica. No es una metodología, sino un conjunto de conocimientos que está aportando la investigación científica en el campo de la neurociencia y su relación con los procesos de aprendizaje. “Antes solo se podía observar el comportamiento de los alumnos, pero ahora gracias a las máquinas de neuroimagen podemos ver la actividad cerebral mientras realizan tareas”, añade Gamo. Esa información sirve a los profesores y pedagogos para decidir qué métodos son los más eficaces.

Gamo, que estudia las dificultades de aprendizaje de personas con dislexia oTDAH desde hace más de 20 años, observó que en la mayoría de los casos esos problemas no estaban relacionados con esos síndromes, sino con la metodología escolar. Él y su equipo identificaron que el 50% del tiempo de las clases de primaria en España se basan en transmitir información a los estudiantes de forma verbal, algo que en secundaria sucede el 60% del tiempo y en bachillerato casi el 80%. “Indagamos sobre lo que estaba sucediendo en las aulas y queríamos saber qué decía la ciencia al respecto, si ese método estaba justificado”.

Basándose en diferentes investigaciones científicas y en las suyas propias, concluyeron que para la adquisición de información novedosa el cerebro tiende a procesar los datos desde el hemisferio derecho -más relacionado con la intuición, la creatividad y las imágenes-. “En esos casos el procesamiento lingüístico no es el protagonista, lo que quiere decir que la charla no funciona. Los gestos faciales, corporales y el contexto desempeñan un papel muy importante. Otra muestra de la ineficacia de la clase magistral”, explica Gamo.

Por ello, la neurodidáctica propone un cambio en la metodología de enseñanza para sustituir las clases magistrales por soportes visuales como mapas conceptuales o vídeos con diferentes apoyos informativos como gráficos interactivos que requieran la participación del alumno. Otra de las apuestas es el trabajo colaborativo. “El cerebro es un órgano social que aprende haciendo cosas con otras personas”, añade.

En los últimos cinco años, Gamo ha formado en neurodidáctica a docentes de una treintena de colegios públicos en diferentes comunidades autónomas. El principal problema, en su opinión, es que las escuelas no están tomando la decisión sobre hacia dónde quieren innovar, a lo que se suma que nadie les acompaña en la implementación de las nuevas metodologías. “La direcciones de los centros están enrocadas en los métodos tradicionales basados en clases magistrales, memorización y exámenes escritos”.

En ese escenario conviven cientos de profesores y entre ellos hay quienes no se conforman con lo establecido. Chema Lázaro, de 34 años, da clase a alumnos de sexto de primaria en un colegio concertado de Moralzarzal y desde hace dos años y medio aplica la neurodidáctica en el aula. “Mis alumnos siempre me decían que yo molaba mucho, pero que mis clases eran una porquería”, cuenta. Empezó a investigar sobre metodologías alternativas y creó el blog Pizarras abiertas, que en 2013 le valió el premio nacional sobre las TIC en el aula delMinisterio de Educación. Lázaro buscaba una base científica que apoyase su apuesta: hacer que sus estudiantes aprendiesen para toda la vida sin memorizar.

El 50% del tiempo de las clases de primaria en España se destina a que hable el profesor. En bachillerato es casi el 80%

“Mi método respeta el proceso por el que el cerebro aprende: primero va la motivación, luego la atención y por último la memoria. En ese orden”. Para explicar el antiguo Egipto intenta captar el vínculo emocional de los chavales. A través de su canal de YouTube les plantea jeroglíficos en vídeos con formato de tráiler cinematográfico. “Con ese material se motivan y así tengo alumnos atentos”, continúa. Utiliza la gamificación y las capitales se aprenden ganando puntos en la plataforma Kahoot. Para ver las pirámides, vista desde un dron oGoogle Earth.

Una de las plataformas de educación online basada en la neurodidáctica esNeurok. El director de la compañía, Agustín Cuenca, empezó a explorar el mundo educativo hace 10 años, cuando a su hijo de cinco años le diagnosticaron hiperactividad. “Partimos de que la formación online no funciona, solo un 10% de los que se apuntan a un MOOC -cursos online masivos y gratuitos- lo termina”. En una plataforma tradicional se encuentran contenidos, mientras que en Neurok hay debates.

Cuenca y un equipo de 10 pedagogos y profesores de universidad y primaria han aplicado los formatos de Twitter y Facebook a la educación. “Antes siempre sabías a quién pedir los apuntes. Ahora decides a quien seguir en esta red social en la que todos los alumnos comparten contenidos y debaten sobre diferentes temas. El profesor hace de guía y aporta criterio sobre qué contenidos son de calidad”, explica Cuenca. Lo más difícil de este modelo de aprendizaje, reconoce este informático, es la participación. El sistema cuenta con hashtags, menciones o notificaciones en el móvil, entre otros servicios. La idea de Neurok es ser utilizada como una plataforma de apoyo a las clases presenciales o directamente como el esqueleto de un curso online.

Eso es lo que sucede con el Máster en Neurodidáctica de la Rey Juan Carlos, un curso blended en el que el 80% del contenido se imparte en la red. Hasta ahora, también han usado Neurok en la UNED y en la Universidad de Extremadura, con la que están colaborando en una investigación para medir la calidad de los contenidos compartidos por los alumnos y su nivel de interacción en la plataforma.

“Todavía hay mucha gente que desconfía de estos métodos, pero en unos 15 años se empezarán a ver los resultados”, comenta Cuenca, que ya ha asesorado a más de 30 colegios públicos de diferentes comunidades autónomas a través de su consultora educativa Niuco. Para todos aquellos que busquen evidencias científicas de la neurodidáctica, el profesor de la Universidad de Barcelona Jesús Guillén recopila en su blog Escuela con cerebro las últimas investigaciones realizadas en diferentes partes del mundo.

 

 

 

26 de septiembre de 2016

Carmen Rosa Berdugo de Vargas. Bogotá. Colombia.
IBERCIENCIA Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
“El 70% de los bebés actuales trabajaran en profesiones que aún no se han inventado” Abel Linares Palacios.

Ubicados en la pregunta ¿Qué estudiarán los bebes de hoy? y los puntos de vista relacionados con profesiones de futuro como : Gestión de caos, Sastrería de nanotejidos, Cirugía a distancia, Ingeniería ambiental, Energías alternativas, Análisis de modelos de negocio, Ingeniería de tiempo, Farmacogenética, Análisis de información, Medicina Prenatal, entre otras que tienen que ver con prevención en la salud, la seguridad, el trabajo, la vida cotidiana o la educación, nos lleva a pensar en el papel de la escuela y el rol del docente.

El docente debe saber seleccionar  y ordenar información, en la perspectiva 2025:

  • Establecer  un diálogo constante, confrontación de opiniones, discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera.
  • Discutir sobre la manera como se transmite y difunde la información en el mundo globalizado e interconectado.
  • Evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparece en Internet, en redes sociales, diarios, revistas y televisión.
  • Diseñar y crear formatos de verificación de la información que transmiten los medios.
  • Orientar acerca de cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información que circula bajo al mito: Internet le dice “casi todo”.

Es importante tener en cuenta que los niños y los jóvenes tienen derecho a recuperar la experiencia del futuro y a tener presente en la gestación de su imaginario sobre las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la sociedad.

La escuela como espacio reproductor de la inercia tradicional del sistema educativo que la agobia, tiene que anticiparse al futuro y posicionar experiencias e innovaciones que lo incorporen, a través de estrategias que permitan:

  • Aportar contenido de discusión y análisis alrededor de preguntas que inquieten y motiven a los estudiantes, donde los docentes hablen menos y todos aprendan más.
  • Buscar información acerca de experiencias interesantes sobre oficios, profesiones y posibles inventos que contribuyan a resolver inquietudes de su hoy y preguntas de futuro planteadas.
  • Despertar la curiosidad proponiendo retos a resolver buscando información y planteando interrogantes.
  • Proponer temas de actualidad para el debate donde se expongan opiniones y posibles soluciones.
  • Potenciar el aprendizaje durante toda su vida y la capacidad para adaptarse a nuevas y diferentes situaciones a través de interrogantes como qué sabemos hoy sobre el universo y/o cómo será el universo en 50, 100,… años.
  • Hacer uso cotidiano y sistemático de las TIC 2.0 y/o 3.0 aprovechar y desarrollar las habilidades de los nativos digitales, para crear y diseñar los blogs, wikis, …
  • Fomentar la lectura del mundo de la vida desde la perspectiva comunicativa, digital y global.
  • Trabajar en equipo alrededor de proyectos de futuro que motive, anime y entusiasme.
  • Interactuar por convicción no por calificación o evaluación punitiva.
  • Persistir en el camino a la meta propuesta.

 

 

3 de diciembre de 2015

Edwin Oswaldo Flores Lazo. San Miguel, El Salvador. IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica. 
Es importante  desarrollar una educación emocional desde la escuela.

La tendencia  de que la educación esté enfocada en el conocimiento ha sido históricamente la prioridad de los sistemas educativos y si bien, se están produciendo cambios, las materias relacionadas con la creatividad, artes y ciencias siguen siendo consideradas como complemento de otras áreas básicas .

Ningún ser humano está exento de lidiar con emociones básicas , de tristeza, alegría, enojo, disgusto, miedo

Las emociones están intrínsecamente arraigadas a nosotros y son el pilar de nuestras relaciones, es por eso que al margen de nuestra profesión, religión, orientación u ocupación el manejo asertivo de las emociones garantiza en mayor o menor medida calidad y eficiencia en nuestra vida personal.

Por lo tanto, introducir el aprendizaje social y emocional es un imperativo para nuestro sistema escolar. No se puede perder la integralidad del ser humano desde lo cognitivo, social, psicológico y emocional.

Es necesario fomentar  el aprendizaje de habilidades que son imprescindibles para vivir, aprender a manejar las emociones, construir y mantener buenas relaciones personales y sociales, tomar  decisiones responsablemente.

Desde la Primera Infancia se puede trabajar las habilidades personales y sociales y  el manejo de emociones.  Estos aprendizajes están asociados, inevitablemente, a la reducción de los comportamientos antisociales, a la disminución de consumo de sustancias nocivas para la salud, mejora la autoimagen del individuo, mejora el rendimiento académico, la salud mental y  los comportamientos pro-sociales.

Fomentar la educación emocional es una necesidad de nuestros contextos educativos y particularmente en el hogar sobre la autoconciencia , empatía,  autocontrol, a automotivación y las habilidades sociales en general.

 

 

Jugar es transformar la nada en algo…

permite descubrir que los colores tengan olores,

que  se  pueda  pintar  con  las palabras.

Jugar hace posible encontrar mariposas en papeles desteñidos

y construir camino de brillo con las piedras.

Permite volar sin tener alas y cambiar de lugar lo que está

quieto, encontrar en lo olvidado, un presente de ilusión y de

esperanza.

En los niños se da esa magia, cada vez que se les brinda la oportunidad

de hacerlo.

Ellos juegan naturalmente.

Construyen un mundo a su medida, sin espacios y sin tiempos, sin apuros ni

atropellos, sin pautas ni reglamentos, crean,….crecen.

Un trozo de madera es el barco que les sirve para navegar en la bañera o el

estanque, un torneado de papel es el avión que vio pasar desde su ventana,

la ramita de junco es ahora el palillo de tambor que le faltaba.

Las tapas de las ollas son platillos y los zapatos de mamá completan ese disfraz

que le encanta.

Las cajas de cartón son carros, sombreros, escondites….murallas.

Las piedras son caramelos y los bolsillos son millonarios de pedazos de papel

que cortó con sus deditos.

El juguete es el amigo, compañero inseparable que le da lo que le falta y conoce

sus secretos.

El juguete es compromiso, desafío. El niño que juega será un hombre

inteligente, porque jugando construye inventa situaciones nuevas,

aprende, descubre, se informa, estimula su actividad y destreza intelectual,

se socializa en la cooperación y el intercambio de experiencias,

y fomenta una actitud positiva y adecuada para entretenerse y ocupar el tiempo

libre.

A menudo se oculta un sentido sublime en un juego de niño. El fracaso de un

intento genera nuevas fuerzas y despierta un juego nuevo.

Tomemos los adultos ese ejemplo, imitemos a los niños en su empeño,

Renovemos cada día los propósitos siguiendo el mandato de nuestras

esperanzas y nuestros sueños.

González, Zózima(1993)

“Donde yo vivo” Guía del Uruguay Relatada por Niños.

Ed. EL PLATA S.A .Montevideo.

 

Fuente: José Javier León
Maracaibo, República Bolivariana de Venezuela 
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica

Mi experiencia me lleva a pensar que existe una limitación estructural que impide el trabajo en equipo: una concepción del tiempo individual y por ende, fraccionado, que interrumpe los procesos y fragmenta las expectativas reduciéndolas en el mejor de los casos a metas y objetivos personales sin comunicación con las metas y objetivos de los otros.

El trabajo en equipo es preciso concebirlo en colectivo, que el tiempo no afecte a cada uno en particular sino al todo o al conjunto de los docentes que se asocian para trabajar juntos.

Tener un tiempo para todos, pasa porque todos trabajen en un proyecto con objetivos y metas comunes. Así, el proyecto pasa a  formar parte de la compleja unidad de colegas que lo comparten, hasta integrar “una gran sinfonía” al decir de José Antonio Marina.Los docentes deben estar dispuestos a declinar sus proyectos personales en función del proyecto acordado en común. No existe, al menos en educación , proyecto que no reclame participación colectiva. La labor docente es en esencia colaborativa.

El sólo sé que no sé nada es aceptación de que lo único que podemos saber no está en nosotros, que debemos ir abiertos y humildes al afuera donde están los otros.

Para que la colaboración se dé, es preciso que el tiempo particular se ponga en relación con el tiempo colectivo (deponer el tiempo del interés individual) pues sólo en comunión lo que sabemos (y somos) se entrega despojado del yo para ser de todos.

El conocimiento así construido, no es de nadie en particular.

Los proyectos educativos son espacios de encuentro y colaboración, en los que se pone en común el tiempo de cada uno para hacer nacer el espacio-tiempo de todos. Ocurre entre estudiantes y docentes, entre docentes, o en equipos mixtos que trascienden las rejillas administrativas para juntar-se y relacionar saberes y prácticas.

Lo importante es reconocer las limitaciones que ofrece el espacio tiempo administrativo que recurre a los estancos para clasificar y controlar. Se trata de una racionalidad que comprende separando.

La administración escolar acostumbra ser rígida. Los docentes nos encontramos con asignaciones particulares, individuales e individualizadas con objetivos por materia que deben cubrirse siguiendo un programa en cuya formulación difícilmente participó el docente. Aunque tenga lo que se conoce como “libertad de cátedra” lo cierto es que el programa y sus contenidos son antiparras con los que se ve lo ya visto, aceptado y permitido. Lo nuevo –si sobrevive a esta asfixia programada- debe pues, elevarse por encima de tales limitaciones.

¿De verdad tienen tiempo los docentes para planificar y proyectar juntos? ¿Pueden sacar de la planificación general las cátedras y unidades para conjuntar intereses distintos y hacerlos comulgar, construyendo una unidad de espacio tiempo fundado en una figura inédita: la administración plural –autónoma y responsable- del tiempo? ¿La escuela, la universidad, están dispuestas a abatir los cercos administrativos para que los sujetos (estudiantes y profesores) trabajen en función de proyectos colectivos sin atender a las prerrogativas –disciplinarias- de los contenidos curriculares? ¿Pueden los docentes desafiar la vigilancia y el castigo disciplinar, propio de los cotos de saber que la tradición enciclopédica encapsula?

Si respondemos afirmativamente, otra será la escuela y otra la organización académico-administrativa a la que se deban los docentes. Los proyectos podrían más fácilmente existir puesto que el trabajo en equipo tendría materialidad, un piso real y no conjetural desde donde poder levantarse. Otra también sería la evaluación: menos memorización; menos respuestas pre-conocidas. El docente dejaría de ser el que más conoce para ser uno más en el camino.

El tiempo fragmentado que conduce a la individualidad es la raíz de la competencia (no de las competencias);  el uso particular e individual del tiempo conlleva el aprovechamiento de los recursos también individuales que, administrados con celo, inclinan inequitativamente la balanza de la suerte y las oportunidades.

El tiempo fragmentado masifica y homogeiniza en la misma medida en que los sujetos sin iniciativa propia devienen objetos despersonalizados hasta la impersonalidad, lo cual conduce a las incoherencias. Por el contrario, en la construcción colectiva del tiempo, las competencias están al servicio del proyecto y el éxito del mismo redunda en el crecimiento  de todos los participantes.