Educar para la alegría

Seguridad Alimentaria y la Educación Superior

Posted on: 16 julio, 2016


 

1ro de mayo de 2015

Juana Judith Chávez Espín, México,
IBERCIENCIA, Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Cientos de millones de personas padecen de hambre y malnutrición. La crisis alimentaria de 2006 alertó sobre la gravedad de este flagelo; sin embargo las acciones de Estados y organismos internacionales han sido insuficientes. En este contexto, la respuesta de las universidades al problema adquiere gran importancia.

Educación Superior y Compromisos Sociales

Las universidades tienen como obligación fundamental transformar las sociedades y buscar la justicia social; deben responder no solo a un contexto histórico, sino a las necesidades específicas de una sociedad, de una nación o de una región. Su misión consiste en formar científicos que investiguen para beneficio de la población; es decir, en contribuir al bienestar de la sociedad. En ese sentido, la educación superior, como producto de fuerzas vitales que impulsan el desarrollo, emerge con la marca del cambio, lo que obliga a las universidades a asumir una misión congruente con los grandes problemas y las innovaciones actuales.

Como refiere la UNESCO, la educación superior —en el desempeño de sus funciones primordiales de investigar, enseñar y dar servicio público— contribuye a la erradicación de la pobreza, al desarrollo sustentable y al progreso y, por otra parte, es componente esencial del desarrollo cultural y socioeconómico, así como de la viabilidad ecológica de los individuos, las comunidades y las naciones.

En relación con lo anterior, es necesario hacer referencia a las oportunidades y los desafíos que la globalización representa para la educación superior, en cuanto a calidad, acceso, diversidad y financiamiento, pues esas tendencias actuales, junto con la demanda de desarrollo tecnológico en la formación de profesionales, derivan en mayores vínculos entre las instituciones de educación superior y el sector productivo. Otros elementos de la globalización son la economía del conocimiento, cuya importancia va en aumento; la comercialización de los servicios educativos, y las innovaciones de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Desde esta perspectiva, la educación superior no puede ser ajena a uno de los problemas más importantes para las sociedades actuales: cómo erradicar el hambre y lograr una adecuada nutrición.

La Seguridad Alimentaria como Disciplina Científica

La seguridad alimentaria, como disciplina científica, nació en los años setenta a raíz de la crisis mundial del petróleo, que produjo a su vez una crisis de cereales y productos alimenticios. Desde entonces, ha habido diferentes paradigmas científicos que han guiado las acciones en este terreno. Estos paradigmas explicativos del origen y las causas del hambre y de las recurrentes hambrunas, así como de la mala nutrición, han evolucionado de una explicación causal que atribuía el problema a factores naturales —tales como el elevado crecimiento demográfico y las catástrofes naturales— a otras muy economicistas, como las fallas de mercado o la asignación de recursos.

Educación Superior y Sistemas Alimentarios

Es obligación de las universidades dar a conocer a sus estudiantes, aun cuando no sean parte de las áreas de salud y biología, los principales aspectos de la reglamentación de la seguridad alimentaria, así como estrategias y métodos de análisis mediante la comparación vertical de diferentes sistemas reguladores de seguridad alimentaria. Lo anterior, con el fin de que se comprenda el papel de la política agroalimentaria internacional y, especialmente, si México cumple con la política de seguridad alimentaria que establecen los acuerdos internacionales que ha firmado.

En términos prácticos, las universidades deben aportar a los estudiantes instrumentos y conocimientos que los lleven a analizar y comprender los sistemas alimentarios y su papel en la sociedad; la manera en que se regula la producción, el transporte y la venta de alimentos, el apoyo que se da a la producción y al cuidado de los plantíos a nivel nacional, y los procesos de exportación e importación.

Las instituciones de educación superior también deben acercar a sus estudiantes a profesionales y expertos en el sector alimentario y dotarlos de un marco para el intercambio de conocimientos, experiencias, programas y puntos de vista con otras universidades, investigadores, profesionales y funcionarios.

Hay que señalar que existe una idea central que, sin duda, compartimos todos: la voluntad y la acción políticas tienen un papel clave para acabar con el hambre y la mala nutrición, y para conseguir la seguridad alimentaria mundial. Solo con voluntad política de los Estados —es decir, de sus poderes ejecutivos, legislativos y judiciales—, apoyados por la vigilancia permanente de la sociedad civil, de la iniciativa privada y de la comunidad internacional, podrá erradicarse el hambre y la desnutrición en el mundo.

Esa voluntad política, si bien es condición necesaria, resulta insuficiente. Sin embargo, es un enorme avance que el tema del hambre destaque en las agendas políticas de aquellos países con mayores tasas de desnutrición. Ello implica un reconocimiento del problema y una apertura para la discusión de sus causas, y facilita la puesta en marcha de acciones para su erradicación.

 

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