Educar para la alegría

¿Qué tiene lo que comemos?

Posted on: 16 julio, 2016


19 de mayo de 2015

Valeria Raquel Rojas. Mar del Plata (Argentina). IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Los problemas relacionados con los alimentos no hacen referencia solo a la cantidad ingerida o al valor calórico que estos poseen, sino también a la posibilidad de que se transformen en transmisores de enfermedades, por estar contaminados con químicos u con microorganismos patógenos. Los esfuerzos de la OMS y de los sistemas de salud de cada país deben estar indefectiblemente asociados a la educación de los consumidores para lograr soluciones efectivas y sostenidas en el tiempo.

Habitualmente escuchamos frases tales como “voy a consumir productos orgánicos”, “solo compro alimentos light”, “los vegetales son suficientes para proveernos de los nutrientes que necesitamos”, “tengo que cuidarme con la sal”…Muchos de nosotros hemos transitado distintos tipos de regímenes para controlar el peso y las publicidades sobre las ventajas de tal o cual alimento están a la orden del día. Contar calorías, controlar el tamaño de las porciones, disminuir la ingesta de sodio, azúcar o lípidos, declinar la invitación a las pastas y postres caseros de la abuela es parte de la “sacrificada” rutina de muchas personas. Y sí, la relación con los alimentos es una cuestión sociocultural que favorece interacción con el otro, la percepción de sensaciones que involucran los sentidos: olores, sabores, texturas. El aroma y el gusto de una comida activan recuerdos olvidados, traen imágenes de antaño. Pero para “cuidar la salud” no basta solo con controlar la cantidad y el valor calórico de los alimentos sino que también es necesario que éstos sean inocuos.

La contaminación de los alimentos por agentes microbiológicos es un problema de salud pública en todo el mundo. En las últimas décadas, la mayoría de los países han registrado un importante aumento en la incidencia de enfermedades provocadas por la presencia de microorganismos en los alimentos, en particular de agentes patógenos como Salmonella o Escherichia coli enterohemorrágica, y de parásitos como Cryptosporidium o los trematodos.

Los alimentos también pueden tener productos químicos ya sea porque se hayan añadido intencionalmente por razones tecnológicas (por ejemplo, los aditivos alimentarios), o debido a la contaminación ambiental del aire, el agua o el suelo. Los productos químicos presentes en los alimentos son un problema de salud en todo el mundo y son la principal causa de los obstáculos al comercio.

Estos contaminantes pueden ingresar al organismo durante el proceso de nutrición, el cual permite la incorporación y transformación de los alimentos, la incorporación y asimilación de los nutrientes que estos contienen y la eliminación de desechos producidos.

Los alimentos insalubres están relacionados con la muerte de unos 2 millones de personas al año, en su mayoría niños. Los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades, que van desde la diarrea hasta el cáncer. Por eso la OMS ha aprovechado el Día Mundial de la Salud, que se celebra el 7 de abril de 2015, para fomentar medidas destinadas a mejorar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena, desde el productor al consumidor.

Algunas de las medidas propuestas por la OMS para reducir los riesgos de las enfermedades transmitidas por alimentos son:

  • Minimizar la propagación de los microorganismos.
  • Minimizar la presencia de contaminantes químicos en los alimentos.
  • La evaluación de nuevas tecnologías alimentarias, como los alimentos genéticamente modificados.
  • La creación en la mayoría de los países de sistemas sólidos que velen por la inocuidad de los alimentos y garanticen la seguridad de la cadena alimentaria mundial.

Para lograrlo es necesario el compromiso de los distintos países, facilitando el intercambio de experiencias y soluciones a los distintos problemas que esta contaminación puede desencadenar.

Sin embargo, la solución no depende sólo de las acciones emprendidas por la OMS o los sistemas de salud de cada país. Los principales actores para el cambio somos nosotros, los consumidores. Para eso debemos estar informados, tener nociones acerca de la conservación y manipulación de los alimentos que diariamente ponemos en nuestra mesa. También es fundamental que exijamos la correcta rotulación de los productos alimenticios, tanto en lo referido a su composición como a su caducidad. Y la oportunidad sistemática para formar ciudadanos con capacidad para elegir lo más saludable, no solo para mantenernos en forma sino también para evitar serias enfermedades, está en la escuela. Como educadores no desaprovechemos esta oportunidad de combinar contenidos a enseñar en relación a la nutrición con la realidad alimentaria cotidiana de cada uno de nuestros alumnos.

 

Fuente: http://www.who.int/foodsafety/es/

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: