Educar para la alegría

La “Globalimentación”

Posted on: 16 julio, 2016


28 de marzo de 201

Nora Hebe Schiaffino
Rosario, Provincia de Santa Fe, Rep. Argentina
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura CientíficaEl artículo trata sobre la introducción en las distintas sociedades de patrones de consumo extraños a la cultura y costumbres propias, a través de los mass media y favorecidos por los procesos de globalización económica y cultural.

Las aportaciones  orientadas hacia la “globalización de la alimentación” me parecen centrales, sobre todo porque el tema ya se ha transformado en otro motivo más del riesgo en que se encuentra la población.

Con la globalización cultural, sobre la que Alcira Argumedo nos prevenía a mediados de los 80 (“Los laberintos de la crisis, América Latina: poder transnacional y comunicaciones” y “Un horizonte sin certezas: América Latina ante la Revolución Científico-Técnica”), favorecida y acelerada por los medios de comunicación, de manera imperceptible se fueron introduciendo patrones conductuales y de hábitos ajenos a las poblaciones nativas.

Desde festejar el “halloween”, el “San Valentín”, la propia Navidad o Año Nuevo, el “thank´s given day”, la Cuaresma, como estrategias de mercado, hasta tomar café en el Starbucks, comer hamburguesas en el McDonald, en el Burger King, pollo frito en el Kentucky, las papas fritas Pringles y toda la “comida chatarra” habida e inventada, responde antes que nada a la introducción de un “modelo cultural” que nos llegó vía los medios de comunicación, también como estrategia de mercado, y que nos fue impuesto mucho antes que tuviésemos la necesidad.

Estrategia de mercado, que las empresas multinacionales –incluidos las cadenas de supermercados- diseñaron de manera excelente. Las grandes inversiones en comunicaciones, en la década de los 60, incluidos los lanzamientos de satélites y las investigaciones en fibra óptica, hacen sospechar que tenían como fin, además del “adelanto de la humanidad”, crear mercados para las producciones que llegarían con posterioridad.

Nadie se dio cuenta en qué momento. Pero comenzamos a sentir la necesidad “de otras cosas”, que veíamos –a través de los medios masivos de comunicación- como “necesarias” para imitar aquellos modelos impuestos. Así, la “industria cultural” altera con antelación la percepción de las poblaciones para, finalmente, condicionar la demanda.

Los niños y adolescentes, en áreas urbanas, presentan problemas combinados de sobrepeso y obesidad. La respuesta: desórdenes alimenticios (alteración en la estructura familiar, en los patrones de horarios, angustias y estrés), alto consumo de hidratos de carbono (comida chatarra), sedentarismo (computadores, televisión y videojuegos).

Más que de seguridad alimentaria prefiero hablar de la “soberanía alimentaria”, como la capacidad de decisión del Estado Nación sobre la producción y el tipo de alimento que necesita y demanda su población -basado en los requerimientos alimenticios y la cultura y costumbre, respectivamente- debemos incluir un factor, que también es violatorio de la soberanía alimentaria: la permisividad de los marcos regulatorios a la importación de los patrones alimenticios y, lo más terrible, del propio alimento.

Seguramente la Educación tendrá un papel medular en este tema, aunque no cualquier educación. Sólo una Educación que tenga como base el desarrollo del pensamiento crítico y aborde los problemas desde una mirada compleja podrá enfrentar este y otros problemas.

 

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