Educar para la alegría

La dieta mediterránea: estilo de vida y patrón alimentario

Posted on: 16 julio, 2016


7 de junio de 2015

Isabel Gutiérrez Díaz. Máster Interuniversitario de Cultura de la Ciencia y la Innovación. IBERDIVULGA
La importancia de la alimentación para el mantenimiento de la salud es reconocida desde la antigüedad. Ya Hipócrates, hace 2400 años, plasmó en su obra numerosas observaciones y recomendaciones dietéticas que han sido utilizadas hasta la actualidad.

A comienzos del siglo pasado, comenzaron a tomar interés los estudios nutricionales centrados en la identificación, tratamiento y prevención de los estados carenciales del hombre, dirigiendo los esfuerzos en establecer los requerimientos de los nutrientes (Recommended Daily Allowances, RDA) favoreciendo de este modo la disponibilidad de los alimentos, sobre todo para los grupos poblacionales considerados de mayor riesgo, ancianos y niños. Esta situación se puede observar en la actualidad en la mayoría de los países en vías de desarrollo, donde condiciones como la malnutrición y enfermedades carenciales aún son frecuentes – están al día. En el resto del mundo, los países desarrollados, tras la mejora de las condiciones sociales, desaparecieron las enfermedades carenciales, con lo que el interés de la salud pública por la alimentación de la población ha disminuido.

En las últimas décadas, parece ser que se ha vuelto a reconocer la influencia que tienen los estilos de vida y la nutrición en nuestra salud. Hoy en día, el interés de los científicos es la identificación de factores dietéticos asociados con enfermedades específicas.

Como ya es conocido, a medida que las poblaciones envejecen, cambian los estilos de vida, y con ello, los patrones de las enfermedades. El cáncer, las enfermedades cardiovasculares (ECV), mentales y la diabetes, han pasado a ser las principales causas de morbimortalidad causando discapacidad y una agudizada disminución de la calidad de vida de la población. En la etiología de estas enfermedades influyen distintos factores: la herencia genética (no modificable de momento) y otros ambientales en los que destaca la dieta. La influencia de la dieta sobre el estado de salud ha sido enfatizada en numerosos estudios. Aquí es donde se centra el papel de la dieta presente en nuestro país, la “Dieta Mediterránea” entendida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, tal como declaró la UNESCO el 16 de noviembre de 2010 en Nairobi. Podemos buscar los orígenes de su importancia en un estudio elaborado a finales de los años ochenta con población griega observó que las personas que residían en las áreas rurales y que seguían el denominado “patrón mediterráneo” presentaban una menor incidencia de determinadas enfermedades.

La Dieta Mediterránea es conocida como uno de los patrones dietéticos más saludables. Esta dieta es una valiosa herencia cultural, que a partir de la simplicidad y la variedad ha dado lugar a una mezcla equilibrada y completa de los alimentos, basada en productos frescos, de temporada y locales en la medida de lo posible. Ha sido transmitida a lo largo de la historia de generación en generación, y está íntimamente ligada al estilo de vida de los pueblos mediterráneos a lo largo de su historia. Ha ido evolucionando, acogiendo e incorporando nuevos alimentos y técnicas fruto de la posición estratégica y de la capacidad de mestizaje e intercambio de los pueblos que bordean al mar Mediterráneo. La Dieta Mediterránea ha sido, y continúa siendo, un patrimonio cultural evolutivo, dinámico y vital.

La tradicional Dieta Mediterránea se caracteriza por un alto consumo de vegetales, frutas, legumbres, frutos secos, cereales (aconsejables los cereales integrales pero todo depende de las cantidades) y una alta ingesta de aceite de oliva como principal fuente de grasa. Por otro lado, el consumo de pescados, mariscos, productos lácteos y huevos debe ser moderado. La carne y los alimentos ricos en azúcares deberían ocupar la posición más baja, con un consumo bajo tanto de cantidad como frecuencia. Su importancia en la salud del individuo no se limita al hecho de que sea una dieta equilibrada, variada y con un aporte adecuado de macronutrientes. El alto consumo de vegetales, frutas frescas, cereales y aceite de oliva, garantiza una elevada ingesta de nutrientes y sustancias como polifenoles y antocianinas, de conocida acción protectora. Muchos estudios consideran que el consumo moderado de alcohol, en forma de vino tino durante las comidas, puede ser beneficioso para la salud gracias a las acciones antioxidantes de los polifenoles contenidos en el vino tinto.

Los científicos han puesto de manifiesto que este estilo de vida es beneficioso para la salud y el bienestar de las personas. Además, contribuye al mantenimiento de una agricultura sostenible y a proteger el medio ambiente.

A pesar de lo bien que suena todo, existen diversos factores que contribuyen al abandono de este modelo alimentario en beneficio de productos típicos del estilo de vida occidental (cereales refinados, grasas animales, azúcares, carnes procesadas, y una baja ingesta de legumbres, frutas y verduras). En la actualidad, existen diversas razones que llevan a la población a cambiar los hábitos alimentarios saludables por otros no tan sanos. La crisis financiera con el consecuente incremento del precio en la mayoría de los artículos de alimentación englobados dentro de la Pirámide Mediterránea parece ser uno de los motivos que ha conducido a la población a elegir alimentos no tan saludables pero de un coste más asequible, permitiendo economizar.

La pirámide nutricional que representa la Dieta Mediterránea incluye todos los grupos de alimentos. Considerar a una dieta como saludable o perjudicial depende de la proporción de cada uno de estos grupos y de la frecuencia de consumo. El patrón es una pauta para la alimentación de la población adulta sana y debe ser adaptado a las necesidades específicas de otros grupos de interés como son los niños, mujeres embarazadas, adultos y otras. Con esto se pretende establecer unas pautas alimentarias de cumplimiento diario, semanal y ocasional, para poder lograr una dieta saludable y equilibrada.

BIBLIOGRAFÍA
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