Educar para la alegría

La pedagogía por proyectos como escenario interdisciplinario

Posted on: 17 mayo, 2016


7 de abril de 2016

Juan Carlos Gómez. Licenciado en Lingüística y Literatura. Mg. en Educación y Comunicación. Bogotá-Colombia
IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
El presente artículo examina el concepto de competencia en el marco de la pedagogía por proyectos como propuesta educativa para la construcción de conocimiento interdisciplinar. Se contextualiza la aparición histórica del concepto competencia y la manera como se articula a la comunicación y al aprendizaje disciplinar desde una mirada integrada.

Competencias y pedagogía por proyectos

Hablar acerca de un discurso pedagógico, desde el enfoque de las relaciones entre maestro y educando, implica analizar la jerarquización de ese discurso en el aula de clases. Por lo general, es el maestro el que mantiene un control sobre las relaciones discursivo-pedagógicas en el aula, pero ¿en qué medida los educandos son competentes en el manejo de ese mismo discurso pedagógico?

Las razones para hacer una reflexión bajo los presupuestos de la pedagogía por proyectos, por un lado, es abordar el concepto mencionado de competencia y por otro, reconocer el papel de la educación y la pedagogía como ejes centrales en la construcción social y cultural. Esto es, reconocer el papel de la pedagogía por proyectos en el marco del constructivismo.

Para comenzar, se realizará una mirada sobre el concepto de competencia como uno de los soportes claves sobre los cuales se trabaja la pedagogía por proyectos. La referencia inicial sin lugar a dudas es Noam Chomsky quien introduce el concepto de competencia lingüística dentro del ámbito del lenguaje definiéndola como “ese conocimiento, de carácter formal y abstracto con que cuenta un individuo (usuario) de su propia lengua” (Torrado, 1996). No obstante, aun cuando esta nueva categoría de “competencia” comenzó a tener eco en distintas disciplinas (lingüística, pedagogía, sociolingüística, ciencias de la comunicación, entre otras), los modelos mentecentristas no mostraron interés por comprender la importancia que tiene y qué se hace realmente con las competencias. En tal sentido se asumió la competencia como un conocimiento actuado y se desconoció la importancia que tiene en ella la integración de componentes teóricos, procedimentales y actitudinales (Díaz Barriga y Rigo, 2000). Asimismo, se desconoció la referencia que tienen las competencias hacia procesos de orden cognitivo, social o afectivo, a fin de alcanzar determinados propósitos en un contexto determinado.

Examinado este último concepto de contexto, dentro de la competencia, Vygotsky Afirmaría que “el desarrollo del niño depende del uso que hace de, por decirlo así, la caja de herramientas de la cultura para expresar sus facultades mentales en situaciones particulares (Bruner y Haste, 1990). Esa caja de herramientas, hace referencia precisamente a lo que hacen los sujetos con el conocimiento y qué tan competentes son en situaciones cotidianas. De otro lado, Dell Hymes introduce la idea de “competencia comunicativa” para reconocer la importancia del papel que tienen los elementos de la selección comunicativa en nuestra actuación lingüística. “Uso del lenguaje en actos de comunicación particulares, concretos y social o históricamente situados” (Hymes, 1972). De esta forma se configuró paulatinamente la noción de competencia que trascendería en la pedagogía por proyectos, primero como una capacidad de realización, situada en el contexto en el que se desenvuelve el sujeto, hasta “un saber-hacer complejo, un sistema interiorizado de numerosos aprendizajes que representan una realización final, concreta, situada en el tiempo y en el espacio” (Touchon, 1994, en Pinilla y Rodríguez, 2001)

De aquí en adelante surgen diversas competencias trabajadas en el ámbito de la escuela de las cuales hay que dar cuenta y prioridad según sea el caso del educando. Competencias argumentativas, propositivas, textuales, poéticas, enciclopédicas, cognitivas, pasando por las métricas y las simbólicas, hasta la de producción narrativa, la de gestión de emociones, de diseño de conversaciones, declarativa o aún la inferencial. ¿De dónde salen tantas competencias? Si bien se podría profundizar en explicaciones respecto de cada una de ellas, lo cierto es que toda concepción pedagógica sólo puede justificar su gestión de competencias sí y sólo sí acepta que ser competente en la escuela más que poseer conocimientos bancarios, es saber utilizarlos adecuada y flexiblemente en diversas situaciones.

Es así, como el término competencia se convierte en un eje articulador para los procesos interdisciplinarios por cuanto el sujeto tiene la capacidad de hacer acopio de saberes no vistos desde una perspectiva única sino desde la convergencia de múltiples miradas disciplinares en un contexto específico. Para ello, la acción mediada y dialógica de la lengua dentro de la comunicación, posibilita la unidad intrasubjetiva e intersubjetiva de sujetos que ponen en interacción todas sus experiencias: cognitivas, motrices, emociones y sociales hacia el entendimiento, comprensión y crítica de la vida. Se entrelazan así, las competencias, la comunicación y el contexto ya que “la construcción de la significación a través de los múltiples códigos y formas de significar (…) se da en procesos complejos históricos, sociales y culturales en los cuales se constituyen los sujetos en y desde el lenguaje (MEN, 1998; 48).

Teniendo en cuenta el papel fundamental de la comunicación en el escenario escolar y el trabajo educativo en el marco de las competencias, se construye un puente hacia la pedagogía por proyectos asumiéndola como un campo interdisciplinario en el que diversas disciplinas convergen hacia la comprensión del fenómeno de la educación y aún de la vida misma. Según Vassileff (1999), “la pedagogía por proyectos busca transformar toda realización de formación personal en aprendizaje social”. Para ello, se construye conocimiento desde donde no se ha construido: desde la realidad misma de los educandos, de los seres humanos partícipes del proceso educativo. Se articula así, el lenguaje en el aprendizaje significativo del educando y de esta forma se privilegia hoy en el aula de clase la actuación en situaciones comunicativas concretas y la acción misma de los saberes. Esta mirada de la pedagogía por proyectos busca eliminar la fragmentación de saberes propuestos en los currículos escolares para darle paso a la integración de conocimientos en relación con un aspecto de interés para los (as) estudiantes.

Finalmente habría que decir que el papel de los currículos integrados previstos por la UNESCO (D’Hainaul, 1986) son de suma importancia para que los docentes promuevan la integración del conocimiento y, por el contrario, derriben la dispersión disciplinar que en suma no ayuda a que los (as) estudiantes construyan los saberes y las competencias necesarias para afrontar los retos del siglo XXI en el marco de su complejidad.

 

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