Educar para la alegría

¿Aprender desde las emociones…?

Posted on: 17 mayo, 2016


Evelyn Mac Dowall Reynoso Lima, Perú. 11 de diciembre de 2015 IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica

El aprendizaje y las emociones tienen un estrecho vínculo ya que ambos se producen en el cerebro y la neurociencia se ha encargado de ponerlo en relieve contribuyendo sustancialmente al campo educativo.

 

¡“Quiero irme feliz a mi casa”! es una frase que escuché de una de mis estudiantes al final de nuestra clase y que me dejó pensando en la siguiente interrogante: ¿Qué estamos haciendo como padres y maestros con nuestros jóvenes que lastimosamente algunos no se sienten felices? O sería mejor: qué no hemos hecho?. La respuesta no la sé con exactitud, pero sí sé que para el aprendizaje se requiere un contexto familiar que de soporte emocional así como docentes en sintonía con sus estudiantes.

 

Es necesario repensar que no sólo  es  importante el desarrollo de las competencias, sino tomar en cuenta al ser humano en su real dimensión, tan humana y sensible, una sensibilidad que parecería que se está dejando de lado, con el afán de formar personas que tengan buen desempeño, pero no son felices.

 

Sentirse bien para aprender es básico, y las emociones juegan un papel muy importante.

 

No se puede desligar cómo nos sentimos. Si una persona se encuentra tranquila es más plausible que aprenda y que ese aprendizaje perdure, mientras que si se encuentra en un estado emocional perturbado, ese aprendizaje no será perdurable.

 

Desde el campo científico, la neurociencia ha contribuido con diversas investigaciones a ver de manera distinta la educación, una educación que tome en cuenta la mente –cerebro, el proceso de aprendizaje y memoria, que con el transcurso del tiempo aunado a un trabajo bien planificado convertirá en mejores a los seres humanos para que sean capaces de enfrentar las diversas situaciones de la vida cotidiana y contribuyan al desarrollo de su sociedad. Ahora es educar tomando en cuenta las emociones, sí esas emociones que se producen en el sistema límbico el cual forma parte del sistema nervioso central y que en muchos casos no son tomadas en cuenta porque se ha enfatizado a lo largo del tiempo en el desarrollo de lo cognitivo.

 

Emoción y educación están unidas, se afirma que no se puede educar sin antes emocionar, y es ahí donde los docentes deberíamos procurar incidir.

 

¿Cómo hacerlo posible?

 

Desarrollando más nuestra propia empatía, creando ambientes favorables, planteando retos y desafíos en las clases, captando la atención y tratando de sostenerla en el tiempo.

 

Todo acorde a las edades de nuestros estudiantes. Cabe agregar que ésto no es suficiente, ya que, un entorno familiar saludable es también parte de la educación.

Se sabe que un ambiente familiar estable y sano que brinde su apoyo y soporte, contribuye a tener estudiantes más receptivos y predispuestos cuya “mochila emocional” está vacía de problemas, siendo así, el aprendizaje se podría dar de manera más trascendente y significativa.

 

“El objetivo de una buena educación es organizar nuestras emociones”
Antonio Damasio

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