Educar para la alegría

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El niño da un paso muy importante para su desarrollo personal y social.

Pasa a protagonizar relaciones sociales extrafamiliares, asume un rol diferente  al que tiene en el ámbito de la familia. Conoce otras personas, funcionarios, docentes, compañeros, padres.

Esto le exige un gran esfuerzo adaptativo. Al principio se comportará como en su casa lo hace con sus padres, porque es el único modelo que conoce y paulatinamente irá adquiriendo nuevos modelos de relación.

La experiencia le irá mostrando lo nuevo y lo diferente de la situación que está viviendo; irá así diferenciando los roles y funciones que, si bien se apoyan en la primitiva estructura familiar, se irán delimitando  gradualmente.

El período de adaptarse a la nueva situación, varía de un niño a otro.

En general los niños recurren a una serie de comportamientos cuya función es aliviar y permitir el manejo de las ansiedades ante el cambio – comportamientos que los llevan a repetir conductas superadas como orinarse, tener dificultades para dormir o  para comer, pedir el chupete.  No quieren desprenderse de los padres o de sus juguetes preferidos.

También para los padres es un momento difícil.

Cada familia vive este desprendimiento en forma diferente, con sentimientos de duda: “¿Estaré haciendo lo correcto?”; con sentimientos de pena: “ Pobrecito, es tan chiquito!”; surgen recuerdos de sus propias vivencias cuando chicos: “ Yo empecé muy pronto y después me aburrí en la escuela”, “Yo me sentía desesperada, abandonada cuando me dejaban en la escuela”.

Los temores también están presentes: “ No quiero que cuando sea grande me lo reproche”; la necesidad de justificarse  “ Yo lo dejo porque tengo que trabajar”.

Es necesario aceptar que el niño es una persona diferente a nosotros y respetarlo en su individualidad.

El Jardín de Infantes irá formando parte de la vida del niño y de la familia en un lento proceso de integración, con múltiples vivencias compartidas, a través de los intercambios que se generan y el conocimiento de cada uno.

Sabemos qué difícil es “ dar los primeros pasos ” fuera de casa. La experiencia nos demuestra que vale la pena animar al niño, alentarlo, gratificarlo con mensajes positivos y de reconocimiento por el esfuerzo que hace, porque estaremos actuando positivamente sobre su fortaleza emocional.

Los pilares sobre los que se sostiene ese encuentro hermoso entre familia y Jardin de infantes, son: la confianza, la seguridad, el respeto, el afecto, la comunicación franca y oportuna.

Enseñamos a “hacer”,  para vivir juntos con alegría.