Educar para la alegría

Archive for mayo 2013

Hay una inquietud medular en las familias de hoy: la incertidumbre en la educación de sus hijos, fruto de la perplejidad de los padres ante valores que cambian y se cuestionan sin cesar.
“Somos cañas endebles, movedizas, pretendemos producir robles firmes y estables”.
“Transmitimos lo que somos: inseguridad, debilidad, cuentos contradictorios de valores contradictorios. Decimos felicidad, pero queremos hijos inteligentes, exitosos.
Se siente miedo, el miedo de la indecisión. El miedo de la apremiante necesidad de que los hijos sean felices, sean libres de culpa, sean ellos mismos.

Padres con miedo de educar transfieren miedo, indecisión, anomia. Es el gran espacio de libertad sin normas, sin posiciones fijas, de cuerdas aflojadas y sin jerarquías de valores ni creencias; sin compromisos. Esa libertad se torna vacía.

Si la Institución educativa transmite información de aquellos aspectos que interesan a la familia, sin socavar la confianza de sí misma, mostrándole lo que hace y como lo hace, perderá el temor, se sentirá más segura, de modo tal que cuando tenga dudas o ignore algo, buscará información en lugar de consejos.

Si se les impone a las madres que hagan esto o aquello o lo de más allá, pronto caen en un embrollo y lo que es más importantes, pierden contacto con su propia capacidad de actuar sin saber exactamente lo que está bien y lo que está mal. No es raro que entonces se sientan incompetentes.

Entendemos a la familia como un grupo humano de tamaño reducido, estructura frágil y vínculos transitorios. La familia aparece como un lugar neurálgico en su misión social, con posibilidad de autonomía individual rechazando a quienes no aceptan esta norma de funcionamiento.

Educar es suscitar la inteligencia, las fuerzas creativas de un niño y su familia dentro de sus propios límites, para que se sientan libres de pensar, sentir y juzgar de manera independiente.

El hombre es todo el hombre, el niño es todo el niño, ciencia y magia, reflexión matemática y el amor que espera ser amado.

Saint Exupery nos dice que: “ El amor no consiste en mirarse fijamente a los ojos, sino mirar juntos en la misma dirección ”.

Lo que vemos es distinto, pero podemos confluir en la dirección y unirnos en ella y no necesariamente en la interpretación de aquello que miramos, porque el solo mirar ya es interpretar y el solo ver ya es leer con ojos diferentes. Lo que hace difícil la convivencia y lo que envenena la relación es creer en el absolutismo de la visión personal. La visión es de uno y por tanto no del otro.

Todo ser humano es un haz de tendencias, necesidades y valores. (Económicos, estéticos, éticos, cognitivos, técnicos o tecnológicos, religiosos, políticos, etc.).

Cada persona es la estructura de todos sus universos y el orden de su jerarquización.
Juntos y solos, cada uno con su libertad tiene la necesidad de acordar sus reglas para no interferir en sus procesos particulares. Si hay relación, hay reglas.

“Me gustaría tener sobre mis rodillas un niño pequeño y contarle esta historia, la de las múltiples versiones de la realidad, para que desde chico vaya abriendo sus ojos a un hermoso mundo que le toca a él, constantemente, recrear, integrar.”

Cuando los niños llegan al jardín maternal ya están educados, es decir, formados y constituidos en los aspectos más cruciales del ser personal.

Los padres pertenecen a un mundo y reflejan ese mundo en su conducta. Los padres, cada uno de ellos, tienen su interior, sus tendencias, preferencias, habilidades, aptitudes, creencias, adhesiones, rechazos, principios.

Las madres reaccionan de modos muy diversos frente al comportamiento de sus hijos. Algunas experimentan una sensación de alivio al ver que el niño que era antes tan absolutamente dependiente de ella es ahora un niño fuerte y capaz de manejarse él solo hasta cierto punto. Algunas son más conservadoras y lentas para adaptarse a la creciente individualidad del niño. Otras han disfrutado tanto la experiencia de tener un bebé dependiente de ellas solas que no están muy dispuestas a dejarlo ir, y se resienten secretamente porque el niño ya no las necesite con tanta exclusividad como antes. Otras madres no sienten tan agradable la intimidad física con el niño y esperan con ganas el día en que el niño sea más independiente.

En realidad la mayoría de las madres reconocen que han pasado en distintos momentos por esas tres actitudes. Contribuyen a ello las características personales de la madre y sus propias experiencias infantiles.

Lo habitual es que se mezclen sentimientos de alegría y orgullo por el rápido crecimiento del niño y por otro tristeza y pérdida por tener que renunciar a esa relación tan exclusiva con el niño.

El desarrollo emocional del pequeño estará influido por la edad de los padres, el lugar que ocupe entre sus hermanos, si es hijo único, si padece alguna enfermedad o minusvalía, si es adoptado, si existen desavenencias familiares, etc.

Aquel que está satisfecho con la educación que recibió de sus padres intentará plantear los mismos esquemas en su familia, mientras que el que quedó disconforme con el trato recibido buscará estrategias completamente opuestas para educar a sus hijos.
Muchas personas que no han logrado dar sentido a su vida, pretenden resolver sus propios problemas proyectándose en sus hijos; otros pretenden repetir sus experiencias si fueron satisfactorias.

La mujer ha ido integrándose a la sociedad desempeñando otros roles además del de ser madre. Trabaja, estudia o se desempeña en diversas actividades que la separan del hogar y se producen modificaciones en su propio rol, en el rol del padre.

Los roles claramente definidos se han desdibujado en la sociedad actual y la figura paterna adquiere una nueva significación en el núcleo de la familia.

En este devenir, las fantasías no resisten muchas veces el desafío de la cotidianeidad; la imagen ideal del padre y madre ejemplar, el hogar feliz, la madre cuidando al bebé en el hogar, el hijo perfecto, se desdibuja en las imágenes que devuelven conflictos, dificultades, problemas que en la mayoría de los casos no se sabe cómo resolver.

El niño.

Ya antes de nacer el sujeto existen respecto a él una serie de expectativas sobre el rol que va a desempeñar, la función afectiva, social, interactiva, comunicacional, etc. que va a cumplir, de parte del grupo familiar, de otras personas, de otros grupos, (instituciones, de la comunidad), que lo esperan. El lugar, el espacio o el vacío que está destinado a ocupar y la estructura vincular familiar social que lo determina, constituye lo que Moreno llamaba matriz de identidad del niño.

 

La familia espera con grandes expectativas al niño que va a llegar. Se imaginan cómo será el niño que ha de venir. Ese nuevo ser ocupa antes de nada un lugar en sus fantasías, sus ilusiones y sus deseos. La vida del niño se verá condicionada por el lugar que se le otorgue en función de distintas circunstancias, por el momento que esté viviendo la pareja, y por su situación familiar.

 

 El niño al nacer, se instala en una constelación de significaciones. Viene a llenar muchos deseos, carencias de los padres. Se le asigna un nombre, ya sea el que está de moda, el del padre, el del personaje famoso que signifique algo para los padres.

 

El niño que nace viene a llenar un lugar ya preparado, pero cuando nace es una realidad que desde lo real jaquea a lo imaginario. Resulta que hay una contradicción muy grande entre esa ilusión sobre la cual los padres construyeron el nombre para su hijo y la realidad. Puede pasar que los padres resignifiquen la situación dándose cuenta de que entre lo imaginario y lo real deberán encontrar un nuevo significado. Pero puede pasar que los padres no resignen y sigan viviendo lo imaginado y entonces habrá una distancia muy grande entre la persona que padres suponen amar y el sujeto del amor (su hijo). (Alicia Fernández.)

 

Existe en el sentido de estas expectativas una presión afectiva, personal, familiar, y social considerable para que el niño ocupe este lugar virtual que está destinado a llenar. El que estas expectativas y este lugar asignados al niño tengan una influencia determinante sobre éste, constituyéndose una relación de poder entre el niño y su medio se debe a un hecho básico: la indefensión, la incompletud y,  por lo tanto, la dependencia total del niño en su relación con su medio social o familiar en el momento de nacer.

 

Es decir que la primera relación que el sujeto tiene en su vida y que va a constituir el sustrato básico de su posterior existencia en el mundo es una relación de total dependencia  con su medio y de poder del medio sobre él. La instrumentación que desarrolla para comunicarse con su medio está fundamentalmente determinada por esta relación de poder y dependencia.

 

Los cambios del niño y el modo en que la familia reacciona a ellos afectan al sentimiento que el niño tiene de sí mismo y van definiendo sus relaciones con su entorno.

 

Durante el primer año el bebé depende enteramente de la madre y tiene sus necesidades satisfechas gracias al amor de ella y sus cuidados. Por su parte la madre se siente halagada por esa necesidad tan exclusiva del bebé aunque a veces se siente también esclavizada por los requerimientos incesantes.

 

Hay espacio para todo tipo de madres en el mundo;  algunas son buenas para ciertas cosas y otras para otras.

 

Los padres han ido perdiendo en la sociedad actual la omnipotencia que los caracterizó en épocas anteriores y los cambios que se han generado en la familia modifican de modo importante los vínculos entre padres e hijos.

Ser padres no es una condición natural: se nace hombre o mujer y durante las diferentes etapas del crecimiento a lo largo de todo el proceso de vida, la persona va incorporando roles según sus aptitudes naturales y las condiciones que el medio le brinde.

Los padres no han sido enseñados para ser padres. No se han preparado para ello y no presienten en muchos casos, las modificaciones que generan en el ámbito familiar con la llegada de un hijo. Cambios que no pasan exclusivamente por la presencia de un nuevo integrante, sus necesidades específicas en lo que se refiere a alimentación y cuidados o desde el punto de vista físico o material, en cuanto al lugar, mobiliario, diversos productos que resultan necesarios para el bebé desde que nace y de ahí en adelante durante toda su vida.

Se producen cambios en el orden emocional y afectivo que afectan las conductas de cada integrante del núcleo familiar con la consiguiente impronta en la personalidad de su hijo; van compartiendo y disfrutando en el hogar. Los progenitores imparten a sus hijos enseñanzas en forma natural y con toda facilidad pero, al intervenir los expertos para supervisarlos e indicar cuán importantes son esas tempranas enseñanzas, los padres toman mayor conciencia de sí mismos y a la vez comienzan a perder la confianza que tenían.

Con diferentes expectativas, un hombre y una mujer se encuentran y en muchos casos proyectan construir un hogar e inaugurar en él el milagro del hijo. Cada integrante de esa pareja, aporta un bagaje determinado de experiencias, valores, costumbres, necesidades e intereses que no siempre son los mismos, que condicionan su hacer y sus propósitos.

Ese hombre o esa mujer que con la llegada del hijo se transforma casi sin darse cuenta en padre o madre, tendrá que educar a su hijo en función de los objetivos comunes y de las costumbres que constituyen el estilo de vida de ese grupo social y volcará a través de sus acciones, sus valores, opiniones, decisiones y aspiraciones personales.

La sociedad de hoy, reclama personas creativas, capaces de desempeñarse con eficiencia frente a los cambios que ella le impone.

Es muy importante estimular para la creatividad.

El niño es naturalmente creativo, lo demuestra en forma permanente en las resoluciones que busca mientras juega.

Por ese sendero es que proponemos continuar, por el sendero de la propia búsqueda y no por la repetición de modelos que pueden ser muy interesantes para los adultos, pero que para el niño no tiene sentido.

¿Qué tiene sentido para un niño?
Es probable que tenga sentido aquello que le preocupa, que le gusta, que necesita…
Lo cierto es que el adulto está a una gran distancia de saberlo con certeza.
Podemos conocerlo a través de sus producciones libres, de lenguaje, en el juego, en las actividades manuales y de expresión plástica, entre otros.

La obra del niño es única. Es el resultado del encuentro del niño con los materiales. Ese es el inicio de un proceso de contacto, exploración, manipulación, experimentación, conocimiento y ejercitación que se da a través de impresiones sensoriales .

El niño juega y descubre variadas texturas, distintos materiales, formas y colores.

Plasticina, esponjas, maderas, semillas, granos, telas, papeles, nylon, crayones, dry-pen , pinturas, papeles, cartones, nylon ,hilos, lanas, etc. van siendo utilizados por el niño .

La mano del niño se va entrenando y fortaleciendo con el uso de pinceles, punzones, tijeras, hisopos, sellos, cables; herramientas que irá incorporando para realizar sus trabajos.

El niño realiza su obra en diferentes lugares: en el piso, en las paredes destinadas para ello, en mesas.

Es necesario asignar diariamente un lugar a la Expresión Plástica:
– porque le da placer
– lo motiva
– le interesa
– responde a su curiosidad, a su necesidad de manipular

La Expresión Plástica es fuente de aprendizajes y de oportunidades para conocer más al niño y para que el niño conozca haciendo.

Es un medio muy útil para que :
– descargue sus tensiones emocionales
– canalice sus necesidades afectivas
– exprese sus estados de ánimo y sensibilidad.
– Permite reconocer sus intereses y preferencias estéticas, sus destrezas motoras y detectar sus dificultades.

De la mancha al dibujo de una figura humana, de la casualidad a la intención, del trazo de la mano al del pincel, queda pautado un proceso personal de maduración y desarrollo que el ambiente puede favorecer, dándole oportunidades de “hacer” solo o con otros niños, pero “hacer”.

La producción del niño responde a una vivencia determinada, a un momento de su vida que está condicionado por sus intereses, emociones, particulares curiosidades, estados de ánimo, etc.

El niño estará siempre orgulloso de su obra y la exhibirá con alegría. Esa alegría se genera tanto durante el proceso de trabajo como en el resultado final, en todo caso es resultado de un esfuerzo y de una generosa entrega de su mundo interior.

Es conveniente observar la obra y reconocer en ella los elementos nuevos que van apareciendo. No interpretamos la obra, la valoramos para poder continuar estimulando los procesos.

Recordemos que la felicitación, la admiración, el reconocimiento, son herramientas muy eficientes para construir una personalidad segura, autoestima, deseo de repetir la experiencia.

Desde ese marco, proponemos:

Propuestas de expresión libre con variadas y renovadas técnicas y materiales.
Aprovechamiento de material de desecho.
Cuidado por lo estético sin tocar la obra del niño.
Preparación creativa de los materiales que ofrecemos a los niños.
Dejar “jugar” libremente con los materiales.
Máxima exigencia en el cumplimiento de procedimientos enseñados (estas son oportunidades de trabajar los hábitos personales y sociales).
Ejercitar la mano con diferentes propuestas que le den fuerza motriz.
Observar y corregir el uso de las diferentes herramientas que le ofrezcamos.
Utilizar diferentes soportes para que el niño trabaje.
Trabajar en diferentes espacios, no sólo en el aula o en el taller.

La obra del niño debe salir de él. Esa es la dirección que debemos asegurar para que tenga valor. Jamás tocar ni retocar…siempre valorar sus logros.

“La mejor forma de captar la imaginación de los niños es…dejarla en libertad”

Hemos elaborado esta lista de sugerencias para jugar. Esperamos que sean de utilidad.

En la cocina
*Hacer amasados, galletitas, scones, etc.
*Cernir
*Hacer puré con tenedor o puretera.
*Hacer jugo con exprimidor
*Usar moldes para cortar la masa.
*Quitar la cáscara de algunas frutas
*Quitar la cáscara de huevos
*Lavar verduras y frutas
*Doblar repasadores
*Ordenar cubiertos en cajones
*Lavar servilletas de tela
*Lavar cubiertos descartables y recipientes de plástico
*Doblar bolsas de nylon
*Tender la mesa
*Juntar las migas de mesa o mantel con palita y cepillo
*Secar cubiertos y platos de pequeño tamaño.
*Trasvasar líquidos de una botella a otra con embudos finos.
*Transportar objetos con bandejas.

Cuando lavamos ropa
*Colgar la ropa usando palillos.
*Lavar ropa o prendas pequeñas con la mano, torcer y escurrir.
* Usar jabón en barra.
*Guardar los palillos de la ropa poniéndolos en el borde alrededor de una cartulina o
cartón.
*Doblar y guardar sus pertenencias
*Doblar las medias y guardarlas como “una pelota”
*Sacar con la mano las pelotitas de lana que se forman en
las prendas que usa

Manualidades.
*Decorar cajas que ya no se usan-de todos los tamaños.
*Bordar en tela de arpillera
*Coser “dobladillos” en restos de tela
*Sacar con una aguja las hebras de hilo de una tela, tramado cada
vez más pequeño.
*Hacer pompones.
*Hacer pelotitas de papel con restos de papel diario, revista, regalo, etc.
*Ponerlas adentro de botellas hasta llenar.
*Hacer trenzas con lanas, hilos.
*Trenzas con bandas de papel.
*Hacer ovillos de lana.
*Bordar en punto cruz.
*Hacer collares y pulseras enhebrando cuentas, fideos, papeles, etc.
*Usar tijeras

Estas propuestas hacen que el niño se sienta muy importante colaborando con las tareas de los “grandes”, disfruta “haciendo”. Al mismo tiempo, permite a los padres, compartir con sus hijos un tiempo que vale la pena disfrutar.

El libro de papel en la era digital.

El libro digital y el libro de papel son dos experiencias de lectura distintas por múltiples factores: el costo, el peso, la calidad de la edición, la inmediatez, entre otras. Existe entre ellas una diferencia fundamental: en la lectura tradicional el libro es el instrumento; en la lectura digital el instrumento es el aparato que contiene la obra, un dispositivo en el que el acto de leer no es más que otra posibilidad dentro de su oferta de ocio y entretenimiento, que se ve completada con música, contenidos audiovisuales, navegación por Internet…

La lectura pasa a ser una alternativa más en el amplio abanico digital.
En el tradicional, mantiene su entidad propia, conserva características que la diferencian de una película, una canción o un juego. No es una posibilidad: es un libro.

Cada lector es un mundo. Es, por eso, más que necesario no reducirnos a meros usuarios tecnológicos, sino defender y abanderar nuestro derecho fundamental de “leer por leer”, experimentar el placer de perder el tiempo en otras historias que no son las propias, aspirar profundamente el aroma de las páginas de un libro, esperar encontrar en él una experiencia tan personal y satisfactoria que haga falta cerrarlo, al terminar, para que nadie pueda robarnos esa historia que ya es nuestra.

Al final las historias no cambian; independientemente del formato escogido, la experiencia siempre se basa en una historia (argumento) que alguien (escritor) quiere compartir con otras personas (lectores). Personas que, sobre todo, leen en solitario y buscan en los libros simplemente un tiempo de desconexión placentero, para disfrutar cuando quieren y donde les apetece. Gente que aún desea hacer las cosas por el placer de hacerlas y no descubre en el acto de leer la necesidad de generar conocimiento, hipervincularlo o enriquecerlo.

Wolfgang Iser-teórico de la literatura- al definir la lectura, dijo: “es como si al leer no avanzáramos sobre el libro, sino sobre nosotros mismos”.