Educar para la alegría

Archive for noviembre 2012

Busco respuestas a la pregunta:¿para qué enseñar?

Hemos estado pensando juntos en la necesidad de “gestionar escuela” no “gestionar la escuela”.Todo hace pensar que hablar de “la escuela” es hacer referencia de una institución que está “afuera de nosotros” con sus características propias y fines predeterminados.

 

Si se trata de “gestionar escuela”,pienso que estamos buscando la escuela posible que surge en un lugar y un momento determinado; con variables particulares que debemos conocer  y analizar con una mirada desprovista de prejuicios o acciones dirigidas por experiencias anteriores.

 

Estaríamos posicionándonos desde el “no saber” para:

-poder reconocer la identidad y sus particularidades. Poder mirar a los ojos para encontrarse y entenderse. Para poder hacer un contrato de mutuo interés.

-encontrar las “alianzas” con las personas e instituciones que tiene en su entorno para determinar mediadores y fuentes de información que nos acerquen a los intereses y necesidades, a los códigos y valores, a los lenguajes que privilegian, a las insatisfacciones y frustraciones para poder construir salidas y puentes desde ellos y no desde nosotros.

-es presentarnos con la “humildad”necesaria para reconocer que la luz está en el otro y hacer que nos vean como un aliado más para sus fines.

-es resignificar la institución que juntos construiremos para poder gestionar realmente escuela.

-es tener voluntad de iniciar una búsqueda sin metas preconcebidas o resultados preestablecidos. Una búsqueda en la que los docentes busquen  y descubran también.

-es poder concebir la escuela con roles que fluyan también durante los procesos que se compartan.

 

Creo que la enseñanza está ahí, en un básico procedimiento de encuentro humano en el que las partes queden habilitadas para una acción.

Si bien no estaremos reproduciendo socialmente “un ciudadano” , estaremos formando personas en el ejercicio de sus derechos y responsabilidades en el marco de normas construidas y respetadas desde el acuerdo y la aceptación .

Tal vez , estemos construyendo un escenario social en el que esas normas serán respetadas porque resultan necesarias para mantener las condiciones del pacto, si no ese juego en serio se terminaría….

 

Si respondemos esta pregunta desde nuestro conocido sistema educativo y sus órdenes jerárquicos y sus disposiciones administrativas, tal vez quede la respuesta  más en un delirio que en una oportunidad.

Por eso prefiero desconocer ese sistema instalado y sus órdenes arbitrariamente establecidos para ejercitar desde “el vamos” el poder de transitar caminos diferentes y que no estén “hechos”.

 

Es ponerme la máscara de poder gestionar escuela desde la inclusión, el trabajo cooperativo con los diferentes actores sociales, con cambios de estados de ánimo en los que la alegría, el descubrimiento, y la transmisión de poderes sea el fluido permanente que le de sostén y sustento.

 

Gestionar escuela es tener poder de crear con los recursos que tenga, una escuela con sentido, que convoque, atraiga, seduzca y contenga a su gente.

 

 

 

 

 

Se habla mucho de los jóvenes, sus dificultades y necesidades.

Se escucha poco a los jóvenes para conocer de fuente directa cómo piensan, qué sienten.

 

Me importa saber cómo nos ven  a quienes de una forma u otra somos sus modelos y estamos con ellos con una misión: la de educarlos.

 

Estas respuestas se han ido elaborando durante muchos años de conversar con los jóvenes, de escucharlos, observarlos y estar con ellos y estudio permanente de los aportes psicológicos  y sociológicos.

 

Las preguntas son sencillas y su valor está en quien las responde.

¿Qué esperan?¿Qué necesitan?¿Cómo les gustaría?

 

Esperan que un profesor de clases interesantes, entretenidas. Que sea un buen docente, que sepa enseñar y que tenga sentido del humor.

 

Les gustaría hablar por ellos y no que los hagan repetir lo que los docentes quieren escuchar.

 

Saben que para aprender no siempre se sigue el camino más fácil.

 

Prefieren aquella materia trabajada con afecto y pasión.

 

Estudian cuando al “profe” no le pueden fallar.

 

Cuando algo les interesa, lo siguen hasta el final.

 

Se sienten bien cuando los llaman por el nombre.

 

El condimento para la clase que “está de más “: la complicidad y el interés.

 

Rechazan que no los llamen por el nombre y que en la mayoría de las clases les den la espalda.

 

No aceptan la imposición desde la autoridad.

 

Tienen su propio tiempo. Están muy preocupados por sus propios cambios personales.

Justo tienen que estudiar cuando cumplen sus 12 ó 13 ó15 años.

Les preocupa más su viaje a ….. que el escrito del viernes.

 

 

 

Reflexiones sobre la investigación realizada en la Clínica Prego sobre

“Dificultades ante el aprendizaje”

Autores: Dr. Luis E.Prego, Psc,Vida Maberino de Prego,Psicopedagoga Martha Sacchi,Psc.Graciela Montano,Psc.Virginia Brignoni, Dr.Claudio Castro, Mag. Zózima González

Nuestro interés por la temática surge por el número cada vez  mayor de consultas que son realizadas a  distintos especialistas, en relación con adolescentes que fracasan en los últimos años de Secundaria.

¿Por qué fracasan en el liceo aquellos alumnos que poseen un buen nivel intelectual, que no presentan dificultades instrumentales y que no denotan trastornos afectivos de entidad?

¿Cuáles  son los factores desencadenantes que determinan la aparición de estas dificultades?

El análisis de datos de nuestra investigación  confirma  que hay alumnos que sin motivo aparente fracasan en sus estudios y permite enunciar  algunos factores desencadenantes que coadyuvan en su fracaso en la Enseñanza Media.

El escenario es complejo y en él  focalizamos el estudio en los padres, los docentes y los alumnos.

Soledad, desmotivación, vínculos inadecuados, presiones ,incertidumbre , falta de mensajes claros en cuanto a qué espera la sociedad de cada uno de ellos,  inadecuación de la oferta educativa  alejada de los contextos históricos-sociales-culturales-económicos de cada lugar, son entre otros factores que inciden en el desempeño de los alumnos en Secundaria.

Los padres, en la mayoría de los casos, se sienten desbordados por las exigencias laborales y presionados por el temor a perder sus fuentes de ingresos. Están muy poco tiempo con sus hijos. Dan mensajes pesimistas y desesperanzados del valor del estudio para el trabajo y exigen a sus hijos que rindan, que se destaquen, para que tengan el porvenir seguro que ellos no tienen.

Los docentes están desbordados y presionados  por el multiempleo, la necesidad de asegurar su fuente laboral, la responsabilidad de atender numerosos grupos de alumnos en diferentes lugares, presionados por los cuestionamientos de los adolescentes, las autoridades y los padres, por tener que cumplir con  programas de acuerdo a un calendario escolar determinado, por tener que actualizarse en su formación profesional por  una formación docente que debe revisarse constantemente.

Los alumnos sienten la falta de acompañamiento de padres y docentes para resolver  dificultades ante el aprender; se sienten presionados por su propio temor al fracaso frente a  exigencias  que los desbordan, necesitan establecer un vínculo personalizado con sus docentes, ser reconocidos, ser llamados por el nombre, ser escuchados.

Son inquietos, revoltosos, inventan juegos que molestan a las personas mayores.

 

No temen al ocio, les acontece como ímpetu de su alegría, su curiosidad, su

 

disposición a jugar.

 

En la institución educativa se sienten desmotivados  para aprender  contenidos obsoletos o poco interesantes, alejados de sus necesidades e intereses.

Temen dar su opinión frente a algunos docentes que esperan que “repitan” lo que ellos les “enseñaron”.

Reciben mensajes poco claros de la familia,  de la institución educativa , de la sociedad en su conjunto. No saben qué se espera de ellos, ni saben qué desean ellos mismos.

La desconfianza, la inseguridad se apodera de sus acciones y en muchos casos quedan paralizados, prefieren no participar-

Los docentes- y también los padres- dan mensajes contradictorios a los alumnos o a sus hijos, como reflejo de su propia perplejidad e incertidumbre frente a esta sociedad que no ofrece seguridades ni  posibilidades  de proyectarse en el futuro.

Esta nueva realidad , de constante producción del conocimiento, de cambios acelerados, de transformaciones profundas ,de cambios vertiginosos. El saber es cada vez más inabarcable,  la inmediatez y el consumismo adquieren relevancia,  la incertidumbre con respecto al devenir laboral se impone de forma notoria; incrementa en el adolescente los aspectos de depresión,  confusión y angustia propios de la edad,  dificultándole entonces  esta tarea y haciendo que se refugie en un “ no saber” protector.

Los alumnos destacan la importancia que tiene para ellos el vínculo con el docente a la hora de aprender, también valoran el “humor” en las clases.

El deseo, la motivación están  dirigidos a la recreación, al afecto, al juego, al movimiento, la fantasía.

Para que un joven aprenda es necesario que lo desee, pero nada ni nadie puede obligar a alguien a desear. Aprender  implica un deseo y un proyecto, implica que el individuo se sienta dueño de su individualidad  y creador de su identidad.

¿Por qué no utilizar metodologías innovadoras que aseguren procesos positivos y motivadores en la búsqueda del conocimiento?

¿Por qué no reconocer el valor del afecto como marco para la convivencia y la

construcción del conocimiento?

 

¿Por qué no mirar al alumno que tengo en frente y reconocerlo como principio y fin de las acciones pedagógicas que aseguren el logro de los objetivos en la formación de personas?

¿Por qué no rescatar el juego y la recreación en las aulas?

Durante la infancia, el niño responde dócilmente a esta expectativa de los padres o maestros,   pero tarde o temprano  – y  la adolescencia es un buen momento-  necesitará cuestionarse sobre su propio deseo.

Numerosos casos de  fracaso liceal  pueden ser pensados como un rechazo a crecer e ingresar en el mundo adulto, y en consecuencia un rechazo a enfrentarse con la propia finitud.

Este  es el tiempo de la elección vocacional, de pensarse en el futuro desempeñando una actividad. Elegir una orientación en la vida , una carrera, es poder desearla, pero también es poder asumirse dueño de un deseo y de un proyecto.

En ese marco confuso e inestable, sin referentes ni sostén más que en la mayoría de los casos encuentra en sus pares, el adolescente se ve enfrentado a la tarea de tener que pensar sobre su vocación, se pregunta ¿quién soy?,  ¿qué quiero hacer?,  ¿quién quiero ser? Y es en las respuestas que se da o no se da que vemos el proyecto fracasado de la institución educativa que busca formar “marionetas perfectas”.

 

El hombre busca la felicidad y esta búsqueda se da durante toda la vida.

 

Alegría: “Estado de placer, de armonía, de equilibrio, de orden.”

 

El niño es feliz jugando, reconocemos su derecho a jugar y lo hacemos en un clima afecto.

 

Las propuestas se presentan como un juego al que se integran los niños con interés, curiosidad, asombro…

 

El niño aprende jugando, cantando, divirtiéndose.

 

Se instala así un vínculo positivo con la situación de aprendizaje que fortalece los vínculos que el niño tendrá que ir construyendo durante toda la vida.

 

Cada niño tiene su ritmo, sus intereses, sus necesidades. Cada niño es diferente a todos los demás.

 

Lo importante es que todos los niños tengan la posibilidad de participar de las   experiencias.

 

Si bien tenemos un programa oficial de Educación Inicial que describe diferentes disciplinas del conocimiento, respetamos la etapa del pensamiento del niño que globaliza e integra la realidad como un “todo” a través de la observación, la experiencia, las diversas actividades 

 

Nuestra acción pedagógica reconoce ese carácter de totalidad tal como es vivido por los niños en la construcción de sus conocimientos.

 

Los materiales que seleccionamos son conocidos por el niño y además utilizamos materiales de la vida cotidiana, de descarte, lo que ya no se usa,  para que pueda explorar sin temores, experimentar,  romper , descubrir, jugando.

(Lanas, cajas, hilos, metales,  maderas, envases de plástico, telas, nylon, entre otros.)

 

También ponemos a disposición del niño: los juguetes que ofrece el mercado infantil.

 

Los niños se mueven en diversos espacios ambientados e implementados especialmente para que desarrollen sus actividades .

 

El espacio para jugar con arena,  agua , barro, permite manipular esos materiales que le dan placer  porque disfruta con ellos jugando.

 

En el jardín, con árboles, plantas, hamacas y juegos el niño disfruta plenamente realizando actividades al aire libre.

 

Todos los espacios del Jardín están preparados para el desempeño del niño con la máxima seguridad.

 

El personal está entrenado y atento para complacerlo y acompañarlo.

 

 

Mag.Zózima González

Directora General

Colegio Jean Piaget.

 

 

 

 

 

 

 

 

1. Asegurar un espacio o lugar de la casa una mesa y silla cómoda.               Evite que utilice la cama para estudiar.

2. Acordar un horario para estudiar. Preferiblemente el mismo todos los días .

3. Fijar un tiempo de estudio y verificar si lo puede cumplir o no.  Cuando haya pasado ese tiempo, haga preguntas sobre el contenido estudiado, si lo domina: felicítelo.

Si no lo domina, preguntar si le resulta difícil y por qué.

Ofrecer ayuda. Si no la acepta. No insistir. Proponerle un descanso y sugerir otra técnica de estudio.

4. Evitar entrar en conflicto o discusión con el niño (a) por no haber cumplido con la meta y, más aún, evite recurrir a castigos.

5. Observar. Si a la media hora (30 minutos) de haber empezado a estudiar pierde la concentración, puede darle un descanso, no más de 30 minutos y luego retomar el estudio.

6. Considerar que los periodos de estudio en el hogar deben sumar como máximo 1 hora.

7. Recordar que el niño (a) también debe jugar, es conveniente que sea  después de haber cumplido con sus estudios o tareas.

8. El niño puede realizar la tarea sin su ayuda. Si la reclama, puede ser que necesita de su compañía.

 

 

 

En la fluidez del suelo contemporáneo no es posible pensar teóricamente sin una situación que sirva de referente, que permita armar interrogantes comunes sobre lo que acontece.

 

Nos detenemos en  la composición de los vínculos actuales: la confianza.

 

Advertimos el papel central que juega la confianza en el trazado de los vínculos contemporáneos.

 

Los vínculos en condiciones de incertidumbre se sostienen fundamentalmente en la confianza; el mundo de la incertidumbre plantea que hay que confiar, pero no porque haya algo confiable sino porque si no se confía, se derrumba aquello que intentamos

componer.

 

Ahora bien, ¿cómo confiar en un otro que no es otro en el sentido de

semejante, es decir, que no es un otro instituido como otro?

 

Si admitimos que el mundo actual es un mundo caracterizado por la fragmentación y la

diferencia radical, la confianza deviene una operación subjetivante.

 

Lo que queremos plantear aquí, en este pequeño texto, es precisamente esa serie de ideas.

 

La hipótesis es que esa diferencia, esa multiplicidad propia de un mundo

fragmentado es vivida como amenaza. Por tanto, si no hay confianza, hay

amenaza –al menos, hasta que se demuestre lo contrario–.

 

El “choque” es un intento desesperado de encuentro

 

No hace falta estar muy atento para percibir que existe cierto estado de

susceptibilidad entre nosotros, entre la gente.

 

Muchas veces tenemos la sensación de que todo puede estallar de un minuto a otro, en cualquier momento y en cualquier lugar, en la calle, en un ómnibus o incluso en un barrio privado.

 

Existe algo así como un umbral de tolerancia bajísimo ante cualquier tipo de

diferencia.

 

Si nos preguntamos por ese estado de susceptibilidad, advertimos

que en el “fondo” nos habita una sensación de peligrosidad ante la presencia

del otro, de cualquier otro, diferente, desconocido.

 

Al comienzo de la impactante película Crash1, una voz en off dice: “el problema

de la gente de hoy es que no se toca, vivimos detrás de vidrios y rejas para

protegernos de los demás y no nos tocamos, no tenemos contacto…” Hasta

ahí, describe más o menos lo que todos percibimos del modo de vida

contemporáneo, pero luego prosigue esbozando una hipótesis que vale la pena

pensar: “la gente choca justamente por eso, como no puede tocarse choca

para acercase al otro”.

 

Llevado al lenguaje de  Ignacio Lewkowicz  que pensó la vida en los flujos,

esto podría equivaler a decir que donde no hay encuentro hay choque, o

también podría ser entendido como: el choque es un intento fallido

(desesperado) de encuentro.

 

Desde esta perspectiva, el encuentro podría ser pensado como ese común mínimo e indispensable que abre la posibilidad de producción de un vínculo.

 

Por el contrario, el choque sería ese puro impacto con otro, que regenera la sensación de peligro y amenaza.

 

Intuimos que en el paso del choque al encuentro se produce algo vital. En el

paso de una experiencia a la otra se juega la existencia. Porque es la

dispersión del mundo actual –los múltiples choques– sobre la que debemos

trabajar para componer/componernos en una situación compartida.

 

Ahora, cuando nos preguntamos qué es lo que permite el paso de un choque a

un encuentro, nos topamos con el valor de la confianza como componente

esencial de los vínculos actuales.

 

De algún modo, la confianza es lo que nos permite dejar de percibir al otro como una amenaza, un peligro al que estamos expuestos y, al mismo tiempo, experimentar un encuentro, delimitar un “común” que abra un diálogo.

 

Pero sospechamos que esta confianza, que cobra tanta relevancia en la construcción de los vínculos contemporáneos, no está hecha de la misma “pasta” que aquella que se ponía en juego antiguamente en las relaciones. El ejercicio de la confianza, cuando se realiza en una figura conocida, apoyándose sobre una relación previa, cuenta con preconceptos que constituyen una base que lo hacen posible. Ahora bien, necesariamente la práctica de la confianza cambia si el suelo donde se apoya se trasforma: si el estatuto del otro se altera y, por tanto, el vínculo con el otro deja de estar determinado, la confianza ya no es ese voto incondicional y duradero que depositamos en otro, por el hecho de encarnar la figura de aquel que desde lo social es designado como digno de confianza: un amigo, un hermano, en fin: un semejante.

 

En las nuevas condiciones, la confianza es más bien una apuesta que nos jugamos ante un otro totalmente desconocido que, en el mejor de los casos, lo convierte de amenaza en aliado. La confianza en el mundo actual es una apuesta sin garantías, y no un voto que expresa una decisión conciente apoyado sobre la “seguridad” de un vínculo preexistente, el vínculo con el prójimo, el semejante.

 

Ese territorio que ya no admite ser pensado desde los esquemas de la inclusión-exclusión, mayorías-minorías, según los cuales los que sufren son las minorías que no tienen acceso al modo de vida de las mayorías hegemónicas.

 

 

No hay nada previo que permita calcular si se va a producir un encuentro o un choque. Pero al mismo tiempo, en todo momento se impone una decisión a la hora de

transitar cada situación y operar en algún sentido determinado.

 

¿Qué hace que se pase de ser una “amenaza” a compartir un mínimo de

“confianza”, aunque sea por un momento fugaz?

 

El que activamente es una amenaza en un momento determinado puede pasar a ser, en el momento siguiente, la persona que te salva la vida.

 

La pregunta es qué pasa en el medio, cuáles son las operatorias que permiten pasar de una situación a otra.

 

Del signo al gesto . Pequeños gestos, mínimos, insignificantes,

que se hacen enormes en cada situación y terminan configurando un nuevo sentido.

 

La misma persona puede tener gestos muy diferentes en distintas situaciones .

 

No es tan simple la cosa.

 

En la ontología de los vínculos actuales, podríamos admitir la hipótesis de que

estamos ante el debilitamiento del signo, y la consecuente imposición del

gesto como materia prima de la producción de vínculo.

 

El gesto es, en definitiva, el único y frágil indicio con el que contamos en el encuentro con otro, el indicio que nos orienta ante la opción desesperada entre confianza y

amenaza.

Las transformaciones de la sociedad van modificando las estructuras internas de la institución educativa , al reclamar  respuestas para las necesidades que van surgiendo. Es necesario construir un “modelo pedagógico”con bases actualizadas.

Para diseñar una nueva pedagogía para nuestros niños, no sólo cabe tener presente los aportes de la investigación sobre sus posibilidades de crecimiento, desarrollo y aprendizaje, sino el contexto en el que se desenvuelve, tanto en función a sus limitaciones como, en especial, en cuanto a las oportunidades que ofrece.

La evidencia científica muestra los importantes procesos mentales que ocurren en el cerebro infantil durante los primeros meses de vida.

La familia – como estructura social primaria – no queda al margen de esos cambios. Desconocer o desvalorizar la importancia de la familia pone en riesgo  la eficiencia  de toda acción educativa. Es necesario reconocer su importancia y trabajar con ella sobre bases de respeto, coherencia y complementariedad.

Es necesario reconocer el derecho a la educación que tiene el niño(desde su nacimiento) y  trabajar con la familia es fundamental, ya que en ella se instalan las bases del comportamiento, valores y habilidades de los niños.

Al hablar de “familia” no hacemos referencia a un “modelo” de familia sino a la diversidad de posibles realidades que se alejan  de la composición tradicional , de la idea que culturalmente tenemos incorporada de: padres – hijos.

Todo indica que el ambiente que rodea al niño es fundamental para promover u obstaculizar su desarrollo.

La familia, núcleo básico de la sociedad, es una escuela de valores en la que todos sus integrantes se educan.  Es en la familia donde se crean vínculos afectivos, es el espacio para la intimidad. Influye como ámbito ideal donde a través de la convivencia se aprende .

La desintegración de la familia, la recomposición de la pareja, los distintos lugares que ocupan los niños en esos cambios, la mujer –que en la mayoría de los casos  sigue haciéndose cargo de los hijos, el hombre – que está presentándose cada vez más interesado y asumiendo la tenencia de los niños, los abuelos que prolongan su etapa de trabajo y ya no están acompañando tanto a sus nietos, diversas formas de convivencia que modifican claramente el escenarios conocido o estudiado de “la familia”.

Nuestra institución educativa ha trabajado con la familia y ha ido evolucionando  en búsqueda constante de encontrar medios para atender las demandas de las nuevas realidades  y situaciones sociales específicas.

Ha sido necesario interactuar con ella para conocer sus características particulares, intereses, necesidades. Conocer el contexto de su vida, costumbres y valores. Esto  permite hacer planteos oportunos, adecuados y efectivos.

La familia – a su vez – necesita ser reconocida como tal. Sensibilizada y fortalecida

en su rol . Desea la felicidad de su hijo y en general acepta toda la información que recibe , no solo la que refiere especialmente a su hijo sino también, al trabajo de sus docentes.

La sociedad actual lleva a la separación  de la familia. Las necesidades materiales, económicas, aspiraciones personales, dificultades laborales, el desplazamiento de la mujer a ocupar lugares fuera del hogar, la obligan a delegar la función exclusiva de ser

madre .

Esta separación es vivida en algunos casos con preocupación, otros con dolor, otros con culpa . Es vivida con sentimientos negativos que pueden perjudicar el vínculo con sus hijos.

El niño ingresa al Jardín Maternal con su familia. Cada una por motivos diferentes y con expectativas también distintas, converge en la institución educativa y configura con las demás un escenario complejo y dinámico.

Los padres están exigiendo cada vez más a la propia escuela. El prolongado tiempo de ausencia del hogar, los obliga a delegar la atención de sus hijos a la institución.

Día a día presionan para delegar tareas que les son exclusivas y demandar atenciones particulares que ellos no pueden brindar, tales como la formación de hábitos, de valores, el cuidado de la higiene, la alimentación  la salud, las pautas disciplinarias, la organización del niño, la atención fuera de los horarios establecidos; en fin, se podría ampliar la lista de demandas en este sentido.

Es frecuente que los padres, opinen de educación, cuestionen el trabajo de los docentes y en algunos casos, intenten intervenir en la toma de decisiones. Podemos apreciar cada vez más que los docentes reciben reclamos y exigencias de los padres, más allá de las que les compete a su rol.

Para lograr una provechosa interacción con las familias es necesario inspirar confianza en un marco de respeto, instalando limites claros en  los roles de ambas instituciones.

La escuela no es, ni es deseable que sea, la prolongación de la familia. Tampoco es el sustituto de la familia, sino un eficaz colaborador en la tarea de acompañar, guiar y promover acciones saludables en el proceso educativo iniciado en el hogar.

Concebimos un Jardín Maternal y de Infantes que “abrace” a la familia con compromiso sostenido para darle seguridad y confianza a la vez de asegurar que viva a sus hijos positivamente, con alegría.

La Educación Inicial es una oportunidad ineludible para generar cambios efectivos y desarrollar transformaciones para el siglo en que vivimos. Es la mejor inversión de amor, inteligencia y recursos que puede hacer la Humanidad en las nuevas generaciones, en especial en sus primeros años de vida.