Educar para la alegría

Archive for abril 2011

Pensar en un niño… es pensar en su juego.

Jugar es transformar la nada en algo… permite descubrir que los colores tengan olores, que se pueda pintar con las palabras. Jugar hace posible encontrar mariposas en papeles desteñidos y construir camino de brillo con las piedras. Permite volar sin tener alas y cambiar de lugar lo que está quieto, encontrar en lo olvidado, un presente de ilusión y de esperanza.

En los niños se da esa magia, cada vez que se les brinda la oportunidad de hacerlo. Ellos juegan naturalmente. Construyen un mundo a su medida, sin espacios y sin tiempos, sin apuros ni atropellos, sin pautas ni reglamentos, crean, crecen.

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 El libro: Los niños. Piaget de punta a punta del Prof. José Luis Mila, es un llamado a reconocer que la infancia es una etapa diferente a todas las demás y que, como tal, hay que reconocerla y darle herramientas para su desarrollo pleno en las mejores condiciones posibles.

 “La infancia es la edad de la esperanza y de los sueños. El niño es el ser – y el único ser- que vive más allá de sí mismo. Ser hombre, verdaderamente hombre, es seguir siendo niño.”

 Jerarquiza el afecto y coincidimos en pensar que :

“La vida afectiva y cognoscitiva -aunque distintas- son inseparables, porque todo intercambio con el medio supone a la vez una estructuración y una valoración, sin que por eso sean  menos distintas, puesto que estos dos aspectos de la conducta no pueden reducirse el uno al otro.

La “motivación” para el aprendizaje es preocupación de educadores y actores sociales. La sociedad reclama hoy que se haga cierto el derecho a la educación, el aprendizaje para toda la vida.

Encontramos, en los aportes de Piaget que refieren al afecto, la posibilidad de construir nuevas hipótesis a punto de partida de reconocer la importancia que tiene el vínculo en los procesos de enseñar y los procesos de aprender.

Hubo un tiempo en la historia de la humanidad y la cultura  en que “conocer” y “desear” eran casi sinónimos o, al menos, estaban muy relacionados.

Podemos recordar que en el mundo griego se pensaba que se conocía con el corazón y no con el cerebro. Así ambas cuestiones suponen una clara ejemplificación del argumento central que Piaget sostiene: la indisoluble relación entre inteligencia y afectividad, entre conocer y desear.

Si no concedemos atención a las cuestiones afectivas sobre el desarrollo del conocimiento, no podemos explicar por qué se inicia y se concluye la experiencia de dicho conocimiento, por qué nos interesan unas cosas y no otras y también por qué interesan unas personas y no otras.

 La afectividad es el motor, la causa primera del acto de conocer, es el mecanismo que origina la acción y el pensamiento, lo cual implica afirmar que todo acto de deseo es un acto de conocimiento y viceversa. Sin embargo, cuando observamos las numerosas investigaciones de la psicología cognitiva actual, parecería que el conocimiento humano comienza y termina en sí mismo, que el ser humano tiene como fin primero y último el propio conocimiento y, por tanto, la elección del objeto a conocer y su vinculación con él es una cuestión baladí.

 Cuando hablamos de afectividad o emoción no estamos hablando solamente de las cuestiones más directamente relacionadas con los sentimientos, sino que nos estamos refiriendo también a cuestiones más intelectuales como son los intereses, la simpatía, la antipatía por temas o personas, las actitudes de carácter ético.

 Piaget tiende numerosos puentes hacia el conocimiento desde el ámbito de la afectividad.

 Las tendencias actuales en educación están insistiendo cada vez más en que la formación integral del ser humano debe tener, como objetivos prioritarios, los aspectos actitudinales en vez de centrarse solamente en los meros conocimientos y creemos que resultaría imposible entender cabalmente todo lo que tiene que ver con el universo de las actitudes en el aula, sin el concurso de la afectividad y de una adecuada comprensión de las relaciones entre la afectividad y el funcionamiento y desarrollo cognitivo.

Queda claro que este contenido muestra un Piaget muy preocupado, hondamente inquieto por la contribución del afecto a la formación de la persona humana.

Piaget se plantea … ¿cómo afecta el ámbito afectivo al desarrollo intelectual de un ser humano? La respuesta piagetiana es clara y rotunda. No sólo cree que sin una fuerte y adecuada presencia de los aspectos afectivos un ser humano no tendría un desarrollo intelectual adecuado-cosa en la que estarían de acuerdo la mayoría de los estudiosos del tema-sino que va incluso más allá y plantea una hipótesis- de partida- incluso más radical, que consiste en afirmar que en realidad lo cognitivo y lo afectivo son profundamente inseparables. Enorme significación para la práctica educativa porque nos indica que es esencial una adecuada vinculación con el objeto de conocimiento, con lo que debe aprenderse y que dicha conexión no puede ser totalmente intelectual y académica, sino que debe ser claramente de naturaleza afectiva y emocional.

El lenguaje es el instrumento más importante de que dispone el hombre para comunicarse con sus semejantes. Constituye una de las manifestaciones esenciales de la vida psíquica del hombre y es, además, una propiedad distintiva del ser humano en relación con el resto de los seres vivos.

 La oralidad construye lazos afectivos entre los alumnos, sus maestros y el resto de compañeros;

dota al aprendizaje de un carácter lúdico, fomenta la creatividad en el niño, le da la confianza necesaria para expresarse dentro de un grupo y lo familiariza con el lenguaje de modo que éste pasa a ser algo completamente “amigable” a la hora de aprender el código escrito e incursionar en sus varios niveles de comprensión.

Es deseable que esa estimulación que recibe en el ámbito familiar pueda continuar, con consistencia y congruencia, en las instituciones educativas y que, de la mano de los docentes y profesionales de la oralidad artística y escénica, cuente con esa estimulación para continuar su proceso de aprendizaje. La oralidad es el camino natural a la lectura.

Compartir desde la oralidad y, paulatinamente también desde la lectura, las tradiciones orales y las tradiciones memorísticas de los pueblos, narrar mitos y leyendas, cuentos populares comunitarios y cuentos populares maravillosos ; cuentos de nunca acabar.

 Las narraciones orales se actualizan  permanentemente, de acuerdo con los distintos contextos específicos en que se desarrollan: día, lugar, participación de ciertos miembros, etc., es decir, aun cuando es una cultura sustentada en la conservación de pilares culturales significativos, la característica de cultura oral le proporciona a la vez la capacidad de movilizar discursos nuevos .

 Es muy importante destacar que una marcada diferencia en oralidad de un niño puede producir desde muy temprana edad, en la clase, una marginación inicial que puede no llegar a ser superada en años subsiguientes Un maestro debe detectar esta falta de oralidad y tratar de corregirla, aunque debemos reconocer que esta labor no es nada fácil.

La familia y la escuela han dejado de ser los factores exclusivos del aprendizaje lingüístico de los niños. La televisión ha venido a ser un factor cada vez más determinante, con sus componentes publicitarios, los dibujos animados, el sarcasmo en la comedia, los estereotipos en las novelas, las transmisiones deportivas, los noticieros, la farándula, que irrumpen en la vida de los niños y unifican su lenguaje al volverlos televidentes del “lenguaje transmitido”.

 En lo que respecta a la oralidad, debe ser trabajada en todos los niveles del sistema educativo, desde el inicial al superior. Como se sabe, ninguna sociedad accede a las escritura sin la oralidad. Trabajar y comprender los problemas de la oralidad primaria nos posibilita estudiar mejor las dificultades de la lengua escrita.

La adquisición de la lengua escrita es imprescindible para que se vean ampliadas las posibilidades de entender e intervenir en la realidad.

“…enseñar a escribir en los años preescolares impone necesariamente que lo escrito sea relevante a la vida… que las letras se tornen elementos de vida para los niños, de la misma manera como, por ejemplo, el habla. De la misma forma que los niños aprenden a hablar, ellos pueden muy bien aprender a leer y escribir”

La familia ejerce gran influencia en la formación de la personalidad del niño.“Él, físicamente ligado a su madre cuando está en el útero y aún sujeto biológicamente a ella durante su infancia, sigue atado a ella, desde el punto de vista social durante mucho tiempo. Primero, de modo directo y emocional y después, a través del lenguaje; por este medio amplía su experiencia y adquiere nuevos modos de conducta y, más tarde, medios para organizar sus actividades mentales.

La voz materna es la única que desde el vientre los niños pueden escuchar; es deseable que la madre les hable expresivamente, les cuente historias, les lea, animadamente y con mucho amor. Se establecen así las bases de la relación entre la infancia y el habla, entre la infancia y la lengua, relaciones indispensables para llegar a esa comunicación que es la oralidad.

Los padres que pueden dedicarle más tiempo a sus hijos en esta primera etapa favorecen el desarrollo de la capacidad expresiva del bebé. Las expresiones auditivas se van especializando. Vienen las primeras palabras y el estímulo que reciben los niños al ver cómo los adultos reaccionan a sus primeros vocablos los motiva aún más.

“Los primeros años de la vida de un niño están llenos de hazañas e hitos cruciales o importantes; pero tal vez, el acontecimiento singular más celebrado es la producción de sus primeras palabras. La progresión del niño en el dominio de las complicaciones de nuestro sistema de lenguaje hablado es vigilado por los padres y educadores como un exponente de su total maduración cognitiva.”

Junto con la oralidad -que construye la vida social y le otorga sentido-,  la observación es fundamental; se les enseña a los pequeños, desde su edad lactante, a observar atentamente, se estimula y refuerza el aprendizaje por ensayo y error e imitación y emulación , así como también se imparte los primeros vocablos en su lengua. Igualmente importante es connotar que los niños, desde los primeros meses de vida, incorporan códigos culturales relacionados con la valorización de pertenencia a una familia extensa. Esto denota que en esta cultura el aprendizaje es un proceso de entrenamiento participativo, sistemático y corporativo.

Al mismo tiempo, es muy estimulante contarles o leerles cuentos, hacer relatos de historias familiares, del país o región de origen. Los niños no sólo los disfrutarán, sino que alimentarán su creatividad, su gusto por las palabras y las historias. La creatividad logra integrar lo emocional y lo racional, estimula el desarrollo biológico y cultural; se la considera como un mecanismo integrador del orden con el caos, en la acción tanto física como mental. Los efectos en lo emocional y afectivo tienden a ser básicos en los procesos cognitivos: si no hay emociones no funciona bien lo cognitivo.

A los niños pequeños les gusta jugar. También juegan con las palabras, emiten sonidos, los escuchan, los repiten y así ejercitan. Disfrutan escuchando poemassencillos, rimas, juegos de palabras que luego tienden a repetir.

Es recomendable conversar, contar anécdotas, comentar recuerdos, hacer historias de vida , refranes, dichos, poesía…considerar al niño como interlocutor, respetarlo como individualidad y escucharlo  hablar, responder a  sus preguntas, todo lo que le permite ir construyendo la oralidad con el otro.

Cualquier espacio puede ser un espacio de oralidad y de comunicación.

En la medida en que se cuenta oralmente, los niños están desarrollando su capacidad de imaginar, de crear,  su necesidad de aprehender cada vez más el mundo que los rodea.

El lenguaje, como todas las funciones psíquicas superiores, necesita del medio en el que crece el niño para su formación y desarrollo y, en especial, de la familia como piedra angular en este proceso. Es allí donde adquiere la información esencial para incorporarse al mundo de relaciones sociales, donde aprende a intercambiar no sólo significados sino también sentimientos, sensaciones o emociones.

Nuestros niños participan y viven en sociedades letradas; por eso, desde que nacen, van aprendiendo los modos cómo el lenguaje escrito se constituye, se organiza y funciona socialmente. Su mundo es muy heterogéneo. Está rodeado de diversos modos de escritura, materiales escritos; participan cotidianamente de actividades con la escritura y/o atravesadas por ella. Está en contacto con el televisor, el computador y otras tecnologías de comunicación, más allá de los territorios que habitan. Conoce realidades diferentes, de las cuales va aprehendiendo valores y estrategias que contribuyen a la formación de su identidad personal y social.

Estos valores aparecen luego en las relaciones que los niños establecen con otros niños, con la familia y con otros sujetos sociales afirmando, explicando, negando, asumiéndose como sujetos del discurso.

Los objetos, los espacios, los contenidos del contexto personal, tienen relevante importancia ; marcan nuestras vidas y nos enseñan a leer de determinados modos los fenómenos materiales de nuestras condiciones sociales y de la realidad que nos rodea.

La imagen del libro y de la lectura del adulto influirá definitivamente en la formación lectora de niños y jóvenes (Patte 1984).

La relación oralidad/escritura se constituye en el espacio familiar y en el espacio de educación infantil. El material escrito incentiva a los niños a contactarse con libros, a mejorar su expresión oral, a ampliar su vocabulario e iniciarse en el proceso de alfabetización

Los niños aprenden a leer y a escribir como “leen” y “ escriben “.  Antes de hacerlo de manera convencional adquieren saberes sobre el sistema de escritura y el lenguaje escrito a través de su contacto con textos de circulación social. Para aprender a leer y a escribir es necesario que los niños “lean” y “escriban” , es  necesario que se les lea  y escriba desde siempre. La lectura y la escritura se construyen en interacción con otros sujetos y contextos. .

 La lectura del universo doméstico y familiar como mundo cerrado, íntimo, privado,  precede a la lectura y elaboración de la realidad . Cumple un papel de extraordinaria relevancia en la estimulación del lenguaje de sus hijos, ya que de esto dependerá, en mayor o menor medida, que las características propias del lenguaje en estas edades se logren desarrollar con el éxito .  Si el niño se siente emocionalmente seguro y lingüísticamente estimulado, se desarrollará normal y óptimamente, superando las dificultades de las distintas etapas en el tiempo esperado; en caso contrario, obstaculizará y retardará su evolución. En este sentido, es necesario considerar que el ambiente familiar va a influir en la capacidad del niño de imaginar, de crear, de inventar  reforzando, entonces, los procesos de la lectura y de la escritura.

 

Existen grandes similitudes en los materiales de la memoria trabajados y una  continuidad vital entre los años de la infancia poblados de sentidos exacerbados, desbordados de vínculos intensos con la naturaleza vegetal y animal, de acunamientos con cantos y palabras de verdaderas nodrizas y las manifestaciones más elevadas del espíritu humano alcanzadas.  

Posee fuerte significación el que hombres considerados de gran talento creador, en momentos de esplendor de sus vidas, vuelvan al territorio de la infancia  para entender su presente.

La Doctora Dora Pastoriza expresa: “Estamos en una época en la que hay que salvar la capacidad imaginativa del ser humano, que es lo que le salva el alma. No hay pobreza que impida tener lo que no tiene, y buscar lo que quiere tener.”

Paulo Freire  afirma que la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra.

“Fui alfabetizado en el suelo de la quinta de mi casa, a la sombra de los mangos, con palabras de mi mundo y no del mundo mayor de mis padres. El suelo fue mi pizarrón ; las ramitas fueron mi lápiz. Es por eso que al llegar a la escuela ya estaba alfabetizado .

“La vuelta a la infancia distante, buscando la comprensión de mi acto de “leer” el mundo particular en el que vivía, me es absolutamente significativa…. “ .Me veo entonces en la casa en que nací , rodeada de árboles, algunos de ellos como si fueran gente; a su sombra jugaba.

Aquel mundo se me daba como el mundo de mi actividad perceptiva y por eso mismo como el mundo de mis primeras lecturas.

 Los “textos”, las “palabras”, las “letras”  de aquel contexto se encarnaban en el canto de los pájaros, … en la danza de las copas de los árboles sopladas por fuertes vientos… Los textos, las palabras, las letras se encarnaban también en el silbo del viento, en las nubes del cielo, en sus colores, en sus movimientos, en el color del follaje, en el aroma de las flores, en la densidad de los árboles, en la cáscara de las frutas ….”

 Un juguete marcó la infancia del poeta granadino Federico García Lorca. Pequeño teatro de títeres con el que jugaba a crear sus primeras obras que fueron celebradas por la familia.

 “ Mi infancia es aprender letras y música con mi madre. Toda mi infancia es pueblo , pastores, campos, cielo, soledad….”

“Las emociones de la  infancia están en mí. Los recuerdos, hasta los de mi más alejada infancia son, en mí, un apasionado tiempo presente … Siendo niño viví en pleno ambiente de naturaleza. Como todos los niños adjudicaba a cada cosa, mueble, objeto, árbol, piedra, su personalidad. Conversaba con ellos y los amaba.

Lorca señalaba vínculos entre la percepción de los niños y el deslumbramiento del acto creador: Hay que mirar con ojos de niño y pedir la luna. Hay que pedir la luna y pensar que nos la pueden poner en las manos”.

 El escritor mexicano Octavio Paz, en oportunidad de recibir en Estocolmo el premio Nobel de Literatura otorgado por la Academia de Suecia dice :

Se confunden mis recuerdos más antiguos y confusos, con el primer llanto, con el primer miedo. Como todos los niños construí puentes imaginarios y afectivos que me unían al mundo y a los otros. Vivía en un pueblo de las afueras de México, en una vieja casa ruinosa con un jardín selvático. Y una gran habitación llena de libros. Primeros juegos, primeros aprendizajes […] El jardín se transformó en el centro del mundo y la biblioteca en caverna encantada […]  El mundo era ilimitado y, no obstante, siempre al alcance de la mano.

El aprendizaje de la intimidad y la pertenencia, la apropiación de un espacio real como espacio  personal, se reiteran  en las experiencias de vida relatadas. 

Si se quiere preparar a los niños en forma adecuada para los aprendizajes de la vida, la familia debe recuperar su voz, que se expresa en abrazos, caricias, besos, ternura hacia los hijos.

Hay que recuperar la voz de la familia porque los medios de comunicación, principalmente la televisión, la ha debilitado; prácticamente la tiene acorralada, porque ante la ausencia de los padres se han reducido las posibilidades de compartir los espacios, los tiempos, los rituales cotidianos.

 Debe aparecer, entonces, el rescate de la oralidad en la familia que, en términos corrientes, significa que los padres descubran los temas y situaciones que provoquen las conversaciones con los hijos, que se rescate las tertulias alrededor del alimento, que los intereses familiares nuevamente estén interrelacionados, que se recree el “calor del hogar”.

Este esfuerzo de recuperar la voz hay que alentarlo desde la escuela, estableciendo puentes de intercomunicación entre la escuela y la familia: será un “volver” al niño a la familia.

 

 Se habla mucho de los jóvenes, sus dificultades y necesidades. Se escucha poco a los jóvenes para conocer de fuente directa cómo piensan, qué sienten. Me importa saber cómo nos ven a quienes de una forma u otra somos sus modelos y estamos con ellos con una misión: la de educarlos. Estas respuestas se han ido elaborando durante muchos años de conversar con los jóvenes, de escucharlos, observarlos y estar con ellos y estudio permanente de los aportes psicológicos y sociológicos. Las preguntas son sencillas y su valor está en quien las responde. ¿Qué esperan?¿Qué necesitan?¿Cómo les gustaría? Esperan que un profesor de clases interesantes, entretenidas. Que sea un buen docente, que sepa enseñar y que tenga sentido del humor. Les gustaría hablar por ellos y no que los hagan repetir lo que los docentes quieren escuchar. Saben que para aprender no siempre se sigue el camino más fácil. Prefieren aquella materia trabajada con afecto y pasión. Estudian cuando al “profe” no le pueden fallar. Cuando algo les interesa, lo siguen hasta el final. Se sienten bien cuando los llaman por el nombre. El condimento para la clase que “está de más “: la complicidad y el interés. Rechazan que no los llamen por el nombre y que en la mayoría de las clases les den la espalda. No aceptan la imposición desde la autoridad. Tienen su propio tiempo. Están muy preocupados por sus propios cambios personales. Justo tienen que estudiar cuando cumplen sus 12 ó 13 ó15 años. Les preocupa más su viaje a ….. que el escrito del viernes.