Educar para la alegría

EXCLUSIÓN –INCLUSIÓN :DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Posted on: 5 agosto, 2010


 

La pobreza, la exclusión de estudiantes del sistema educativo, constituyen un desafío para los actores e instituciones escolares. 

 La exclusión –inclusión son dos caras de la misma moneda . Se crean y se alimentan a través de discursos y racionalidades, así como por el entramado particular, histórico y cambiante pero efectivo, de determinadas estructuras, relaciones y dinámicas que integran y, al mismo tiempo, separan (Karsz, S. 2004).

 La exclusión, merece ser entendida como un proceso, pues representa trayectorias y no acontecimientos aislados. “ La exclusión  tiene color de clase social, de minorías, etnia, sexo o capital cultural de las familias, pero la lógica de los grandes números tiende a dejar en la sombra por qué y cómo ocurren las cosas de ese modo.  Quizás, para no tener que acometer las políticas necesarias y capaces de contravenir el dato reiterado según el cual, los sujetos o colectivos más desfavorecidos desde un punto de vista social, económico y cultural, son también los más perjudicados en y por la escuela”. (Escudero, J. M. 2005:45)

 Al referirse a la exclusión social, algunos autores (Sen, 2001; Tezanos, 2001) la definen como un continuo, como un trayecto que puede trazarse entre la inclusión y la exclusión, con grados de intensidad y de extensión diferentes, posiblemente acumulativo pero no lineal, sometido a múltiples factores e influencias. Pensar y hablar de la exclusión  es dar cuenta de procesos que van haciéndose, más que de entidades esenciales y fatales, por ello, la perspectiva de la exclusión reclama una mayor sensibilidad y atención al “desenganche” progresivo de la escuela, a la gestación del desinterés y a las dificultades escolares acumuladas (González, Ma.T. 2006).

 El término “vulnerabilidad” o la expresión “riesgo de exclusión”, se utilizan para designar zonas intermedias entre esos dos polos que, en teoría, cabe establecer entre la exclusión y la inclusión. Procede hablar no sólo de sujetos en riesgo sino de condiciones sociales y escolares que representan para ellos entornos de riesgo y de vulnerabilidad . Esta precisión permite reconocer expresamente el carácter relacional del fenómeno al que nos estamos refiriendo.

 Dentro del continuo al que hacemos alusión, también procede identificar, como lo hace Tezanos (2001), situaciones o zonas de “inserción”, que corresponden a ciertas actuaciones, programas o medidas con las que la sociedad, o en nuestro caso los centros escolares, tratan de responder a los estudiantes tipificados en riesgo, en principio con la intención de contrarrestar e incluso erradicar la consumación de su exclusión definitiva.

 El Anuario de Educación 2005  expresa que “es a partir de los 13 años que comienza un proceso de caída sistemática de la asistencia a medida que se avanza en la edad de los jóvenes. Dicho proceso avanza en forma claramente diferencial , admitiendo fuertes diferencias socio-económicas a medida que va progresando” es más pronunciado en los hogares con menores ingresos. El 26 % de los jóvenes de 15 años de los hogares de menores ingresos no asiste a ningún establecimiento educativo. A los 17 años esta cifra asciende a 48 % y 61 % a los 18” . (MEC 2005:53)

 UNICEF (2005) informa que sólo 4 de cada 10 jóvenes uruguayos de medio urbano entre 21 y 22 años han logrado culminar su Educación Media, relación que es inferior entre los varones. En Montevideo, el 17 % de las personas entre 8 y 15 años presenta un retraso con respecto al año escolar.

 En el informe de UNICEF (2006) leemos que el 44 % de los varones menores de 15 años y 35 % de las mujeres de la misma edad abandonan sus estudios en el ciclo secundario, siendo este proceso más intenso en las áreas rurales. A su vez, indica que quienes son excluidos del sistema de enseñanza no suelen reingresar; la mayoría de ellos proviene del 25 % de los hogares más pobres.

 En el Uruguay urbanizado, 1 de cada 10 adolescentes no trabaja ni estudia. Según el Observatorio de INCEF 2006 (UNICEF 2006) el porcentaje de adolescentes de 14 a 17 años según condición laboral y educativa 2005 se distribuye de la siguiente manera:

*sólo estudia-78,4 %

*estudia y trabaja –3,6 %

*sólo trabaja – 5 %

*no estudia ni trabaja – 13 %

La importancia que tienen los grupos juveniles en los jóvenes permite plantear la hipótesis de que si el estudiante en situación de vulnerabilidad, se integra al grupo de pares del centro educativo, las chances de permanecer en el sistema educativo aumentan.

 Las herramientas institucionales de inclusión escolar orientadas a la promoción de la continuidad y permanencia de los estudiantes en el sistema educativo podrán evitar  situaciones de exclusión y discriminación, asegurarán mayor igualdad y democratización de las relaciones, fortaleciendo y acompañando de este modo el “Derecho a la Educación”. Se trata de crear cultura de derechos. Se requiere, en la política un componente de comunicación y movilización social por lainfancia que además de visibilizarla más, de posicionar el tema, impacte los imaginarios y la cultura en el sentido deseado en cuanto llegar a la vigencia de una cultura de derechos.


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