Educar para la alegría

Archive for agosto 2010

Material para padres 2010.

 

Algunos consejos para apoyar a sus hijos en etapa escolar

1. Asegurar un espacio o lugar de la casa una mesa y silla cómoda.               Evite que utilice la cama para estudiar.

2. Acordar un horario para estudiar. Preferiblemente el mismo todos los días .

3. Fijar un tiempo de estudio y verificar si lo puede cumplir o no.  Cuando haya pasado ese tiempo, haga preguntas sobre el contenido estudiado, si lo domina: felicítelo.

Si no lo domina, preguntar si le resulta difícil y por qué.

Ofrecer ayuda. Si no la acepta. No insistir. Proponerle un descanso y sugerir otra técnica de estudio.

4. Evitar entrar en conflicto o discusión con el niño (a) por no haber cumplido con la meta y, más aún, evite recurrir a castigos.

5. Observar.Si a la media hora (30 minutos) de haber empezado a estudiar pierde la concentración, puede darle un descanso, no más de 30 minutos y luego retomar el estudio.

6. Considerar que los periodos de estudio en el hogar deben sumar como máximo 1 hora.

7. Recordar que el niño (a) también debe jugar, es conveniente que sea  después de haber cumplido con sus estudios o tareas.

 8. El niño puede realizar la tarea sin su ayuda. Si la reclama,puede ser que necesita de su compañía.

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La adolescencia es  un mundo  inestable, exultante, doloroso y aletargado de la alborada de la identidad, un mundo de la conciencia del deseo, del saber que sabe que sabe y que sabe que ignora y del buscar la diferencia que puede ser paso o abismo; del dolor y la tensión del desequilibrio entre ambos y de la herida y el anhelo de creatividad y reconocimiento; del ser lugar del encarnizamiento de los modelos estructurales, que impulsan por un lado a crecer y por otro lado no dan oportunidades educativas, que estimulan la excelencia y no permiten salidas laborales, que alaban la eficacia y generan jóvenes escépticos en situación de encrucijada, que exigen responsabilidad y bloquean la esperanza. (J. Dartiguelongue , 2002),

 Al hablar de cada adolescente, no debería describirse una etapa o períodos claramente diferenciados entre sí, por entender que se abre progresivamente a una vida social en la que los procesos cambian según el encuadre histórico, social, familiar y personal.

La familia y la escuela conviven también con los “espacios propios” que construyen los adolescentes, procurando una mayor independencia respecto a la mirada de sus mayores. En ellos rearticulan los mecanismos de identificación a través de los que construyen las diversas facetas de su identidad.

 Reconocemos dos factores especialmente importantes por el efecto que producen:

a)      el grupo de pares;

b)      el sistema de escenarios y ámbitos institucionales que hacen de marco al encuentro y la cotidianeidad de dichos grupos.

 a) Los grupos de pares son redes de contención afectiva que apuntalan relaciones y apoyan procesos de identificación. Representan espacios de autonomía en los que se experimentan las primeras búsquedas de independencia. Brindan una pertenencia efectiva y vehiculizan las referencias primeras de los procesos que deconstruyen las identidades infantiles heredadas.

 Son fundamentales para comprender las diferencias que puedan darse en el desarrollo de los adolescentes en relación con sus familias – y sus clases sociales – de origen, pues en ellos se rearticulan los elementos heredados dentro de las opciones que facilitan u obstaculizan el orden social, más o menos complicadas según los recursos disponibles.

 Están constituidos por grupos de amigos y amigas más cercanos, que se reúnen a  pasar el tiempo, a escuchar música, a compartir largas charlas, a hacer deportes, a planear salidas, a recorrer espacios; en ellos realizan actividades comunes y se van definiendo los perfiles dentro de las funciones actitudinales que los diversos grupos despliegan.

 Funcionan como programas culturales en los que se articula – en una escala menor a la de la clase y la familia- una medida específica de la experiencia social e histórica de los adolescentes. También puede reconocerse la similitud de las prácticas: las formas de portar la vestimenta, las maneras de pararse, establecer distancia o proximidad, caminar o bailar, los rituales de la conquista amorosa, la provocación y la pelea, las formas de hablar, los temas predilectos, los acentos y las jergas, entre otros tantos. Puede hablarse también, de modos particulares de ejecución de prácticas comunicativas, sean estas verbales o no verbales, aunque siempre codificadas, enmarcadas bajo una impronta que les otorga identidad de valía y reconocimiento común.

 b)Escenarios y  ámbitos institucionales. Es insoslayable reconocer la existencia de los diferentes espacio virtuales, territorios desconocidos muchas veces por los adultos.Estos factores no dan el mismo resultado si se combinan o no con la escuela, ni tampoco es igual si se valora o no lo que se puede aprender en la escuela, ni es igual si se prefiere o no participar en otras actividades sociales. No son iguales las redes, no se combinan los factores de la misma manera y el proceso de socialización no se orienta hacia los mismos objetivos.

 El docente en la actualidad, comparte su rol de enseñante – al igual que la familia – con otros espacios juveniles – virtuales y físicos. Convivir con esos otros mundos, facebook, second life, entre otros, no es tarea fácil, por lo que necesariamente hay que conocerlos, reconocerlos,  saber que están instalados y que cada vez aparecerán más.

 Difícil y complejo escenario que ya no se “domina” desde el “tenés que hacer”, sino que requiere un movimiento de pensamiento y de lugares para seguir acompañando a los alumnos en sus propios procesos de adaptación, apoyando con reflexiones , asegurando la compañía, respetando sus tiempos y sus dificultades.

 El zapping, el descarte, el consumo irreflexivo, los celulares, los ipods, el cambio, también invaden las aulas, la institución se sostiene por lo que habilita y no habilita, por las normas que instala para el logro de sus objetivos educativos. A  veces las pautas son las mismas en la escuela y en la familia. Otras no. En ese caso, la confusión se agrega en los tres escenarios: familia-alumno-escuela, una convivencia necesaria que atraviesa el proceso de aprendizaje.

 Las transformaciones que acontecen en la sociedad, afectan  “lo que la escuela hace y produce”. Todo lo que sucede en la sociedad “se siente” en la escuela. La experiencia nos muestra que son las personas a partir de sus actuaciones quienes van definiendo la estructura de una organización. Lo que sucede en los diversos campos sociales contribuye a explicar la conformación de las instituciones y experiencias escolares y estas últimas, a su vez, contribuyen a conformar las configuraciones de la sociedad como un todo y sus dimensiones constitutivas.

 La escuela  se ve obligada a tomar en cuenta las particularidades -de todo tipo- que caracterizan a su población,para ello, ya no sirven los modelos de intervención pedagógica homogéneos, que esperan que todos los alumnos aprendan lo mismo en el mismo tiempo y de la misma forma.

 Es necesario, asegurar la formación integral de los alumnos  para vivir responsablemente en la sociedad, el contexto escolar se convierte en ámbito privilegiado para el aprendizaje personal y social, la formación de la ciudadanía y su participación social tanto en el ámbito académico como en el del trabajo.

 Cuando las reglas y recursos de la escuela permanecen constantes a pesar de los cambios que se operan en la familia, la estructura social, la cultura, el mercado de trabajo, la ciencia y la tecnología,  se convierten en  anacrónicos o en algo que ya no tiene el sentido que tenía en el momento fundacional, pierde vigencia. Por lo tanto, lejos estarán de responder a las exigencias de la actualidad, menos aún de alcanzar los niveles de calidad esperados.

 Es necesario crear nuevos escenarios pedagógicos y diseñar en forma estratégica, según las características y necesidades de sus grupos de alumnos propuestas necesarias para que realicen los aprendizajes necesarios en cada  etapa de su escolaridad, con evaluaciones permanentes para poder hacer oportunamente los ajustes necesarios para asegurar los niveles de eficiencia y calidad buscados.

 Es fundamental el afecto, al acompañamiento,  la “escucha” y  compañía que se brinde a los alumnos y sus familias para fortalecer su autoestima y autonomía.En ese marco de trabajo, se reafirma la necesidad de trabajar con disciplina, preparar para el trabajo, hacer lo que les gusta y lo que no, lo que quieren y lo que no, porque se trata de aprender a vivir y de resolver los problemas que la vida plantea.

 Los límites, lejos de estar “fuera de moda” son reclamados por los propios niños y jóvenes, quienes muchas a veces a través de rabietas y conductas que “incomodan o preocupan” a los adultos, les van poniendo sus propios límites.

 Los equipos de trabajo deben estar dispuestos a conocer y comprender los nuevos desafios de la educación cuando comprendan que los métodos tradicionales lejos de permitir el acuerdo  generan enfrentamientos, conflictos y falta de diálogo entre los distintos actores.La educación sigue siendo un proceso que lleva tiempo, requiere conocimiento, formación profesional y creatividad.

Cada decisión metodológica que los docentes toman, se apoya en referentes teóricos que la sustentan.

Incide también la intuición de oportunidad para cada caso, y la experiencia que cada uno tenga de los beneficios que brinda.

La sociedad de hoy, reclama el ejercicio, la preparación para trabajar en equipos. Por eso nos preguntamos: ¿por qué trabajamos en equipo? ¿por qué proponemos a nuestros alumnos que trabajen en equipo. Comparto con ustedes reflexiones a partir de la lectura de Jean Piaget en su obra” De la Pedagogía”.

Todos sabemos que la obra de Jean Piaget fue multifasética, que tuvo diferentes perspectivas aún trabajando desde la psicología. Los aportes de sus observaciones y conclusiones han sido y son vigentes para la Pedagogía, para quienes comulgan que la educación es una búsqueda permanente de soluciones de problemas que permitan al hombre vivir feliz, en armonía, en equilibrio cognitivo. Piaget destaca la importancia del medio y del “otro” para favorecer u obstaculizar los aprendizajes de cada persona.

También corresponde retomar el valor que asigna a las relaciones con los demás y la pregunta que orientó e inspiró su obra fue poder responder la pregunta de:¿cómo nos adaptamos a los cambios? Vivimos en un mundo donde los cambios son permanentes y se dan vertiginosamente, por eso es interesante y entendemos oportuno, repensar cómo nos adaptamos a los cambios, qué herramientas son las más eficientes para participar activamente en esos cambios o al menos para conocerlos y comprenderlos y así poder actuar.

Partamos de una hipótesis, “el hombre necesita a los demás” para vivir, para compartir sus emociones, para resolver sus necesidades, etc. El hombre es un ser social. Al mismo tiempo, Piaget nos describe cómo vive el mundo el niño en sus primeras etapas de vida , su egocentrismo. Los niños son egocéntricos, tienden a creer que son el centro del mundo y a considerar sólo su punto de vista como si fuera la única posible, por lo que creen que todos deben pensar como ellos. Hay que comprender que el punto de vista propio no es el único posible.

El niño es naturalmente egocéntrico y su desarrollo social lo lleva a liberarse progresivamente de su egocentrismo. Mientras se razona desde el punto de vista egocéntrico hay relaciones intelectuales que no se pueden comprender, hay operaciones intelectuales que no se llegan a realizar. Sólo cuando logra salir de su punto de vista, el niño puede comprender las operaciones intelectuales esenciales. El prototipo intelectual que el niño asigna a los adultos, hace que crea con docilidad todo lo que emana de ellos.

El niño se socializa con sus pares, en la medida que se socializa desde el punto de vista intelectual alcanza el espíritu crítico o la reflexión. Y desde el punto de vista moral el sentimiento de los matices y de las intenciones en oposición a la simple obediencia. Liberarse de las coacciones sociales- las presiones que nos ponen los grupos sociales que integramos-podemos pensar pero no podemos elaborar con autonomía. Desaparece la coacción en beneficio de la cooperación y el respeto se vuelve mutuo.

El fin de la educación es formar personas con autonomía.( Autonomía.- libertad nacida de la cooperación.. Sumisión del individuo a una regla que él mismo escoge.) Surge ahí, una de las razones de la educación, acompañar el desarrollo del niño para favorecer el tránsito desde el egocentrismo a la cooperación. Si se aprende haciendo, si se aprende haciendo con los demás, tendremos que buscar herramientas para su aprendizaje y para su ejercitación. De la lectura de Piaget se desprende que “el trabajo en equipo” es una herramienta de la metodología activa, participativa. El método de trabajo en equipo, viene siendo desarrollado desde 1900. Tiene en cuenta que el niño por sí, tiende a la vida colectiva y al trabajo en común. El niño es un ser activo, la recepción pasiva supone el aislamiento intelectual de los alumnos. La investigación entraña colaboración y el intercambio y ayuda mutuos. El espíritu de cooperación se introduce naturalmente en el juego y en la escuela, más allá de la relación con el maestro o profesor ,con los otros compañeros. Los métodos activos insisten en la relación de los niños entre ellos, el trabajo en grupo, la investigación en común, el autogobierno, implican la cooperación en todos los ámbitos intelectuales y morales . La cooperación lleva a una crítica mutua y objetividad progresiva. El dominio de la lógica como el de la acción , la vida en común y la solidaridad de los individuos, impone una serie de obligaciones específicas muy distintas de las que resultan de la simple autoridad. 11 a 13 años – período más favorable para la práctica del autogobierno, la cooperación alcanza un pleno desarrollo y una obediencia refinada a las reglas derivadas del respeto mutuo.

VALOR DEL TRABAJO EN EQUIPO PARA JEAN PIAGET.

Se piensa en función de una realidad común.

Se piensa en función de todos y no sólo de sí mismo.

Se ejercita el hábito de ubicarse en el punto de vista de los otros. Es una fuente de reglas para el pensamiento.

Organización Iniciativa y disciplina

El trabajo en equipo desarrolla la independencia intelectual de sus miembros.

Se da intercambios y discusiones, control mutuo y reciprocidad.

Discusión y verificación. Gozan del beneficio de la crítica mutua y del aprendizaje.

 Invención y verificación.

Equilibrio entre el trabajo personal y el control mutuo.

 Esfuerzo personal .Ayuda mutua .Los débiles y perezosos se ven estimulados e incluso obligados por el grupo. Los fuertes aprenden a explicar y dirigir.

Sentido de libertad y responsabilidad

Formación de ciudadanos libres y espíritu democrático. La cooperación es verdaderamente creadora, constituye la condición indispensable para la adquisición plena de la razón.

 

La pobreza, la exclusión de estudiantes del sistema educativo, constituyen un desafío para los actores e instituciones escolares. 

 La exclusión –inclusión son dos caras de la misma moneda . Se crean y se alimentan a través de discursos y racionalidades, así como por el entramado particular, histórico y cambiante pero efectivo, de determinadas estructuras, relaciones y dinámicas que integran y, al mismo tiempo, separan (Karsz, S. 2004).

 La exclusión, merece ser entendida como un proceso, pues representa trayectorias y no acontecimientos aislados. “ La exclusión  tiene color de clase social, de minorías, etnia, sexo o capital cultural de las familias, pero la lógica de los grandes números tiende a dejar en la sombra por qué y cómo ocurren las cosas de ese modo.  Quizás, para no tener que acometer las políticas necesarias y capaces de contravenir el dato reiterado según el cual, los sujetos o colectivos más desfavorecidos desde un punto de vista social, económico y cultural, son también los más perjudicados en y por la escuela”. (Escudero, J. M. 2005:45)

 Al referirse a la exclusión social, algunos autores (Sen, 2001; Tezanos, 2001) la definen como un continuo, como un trayecto que puede trazarse entre la inclusión y la exclusión, con grados de intensidad y de extensión diferentes, posiblemente acumulativo pero no lineal, sometido a múltiples factores e influencias. Pensar y hablar de la exclusión  es dar cuenta de procesos que van haciéndose, más que de entidades esenciales y fatales, por ello, la perspectiva de la exclusión reclama una mayor sensibilidad y atención al “desenganche” progresivo de la escuela, a la gestación del desinterés y a las dificultades escolares acumuladas (González, Ma.T. 2006).

 El término “vulnerabilidad” o la expresión “riesgo de exclusión”, se utilizan para designar zonas intermedias entre esos dos polos que, en teoría, cabe establecer entre la exclusión y la inclusión. Procede hablar no sólo de sujetos en riesgo sino de condiciones sociales y escolares que representan para ellos entornos de riesgo y de vulnerabilidad . Esta precisión permite reconocer expresamente el carácter relacional del fenómeno al que nos estamos refiriendo.

 Dentro del continuo al que hacemos alusión, también procede identificar, como lo hace Tezanos (2001), situaciones o zonas de “inserción”, que corresponden a ciertas actuaciones, programas o medidas con las que la sociedad, o en nuestro caso los centros escolares, tratan de responder a los estudiantes tipificados en riesgo, en principio con la intención de contrarrestar e incluso erradicar la consumación de su exclusión definitiva.

 El Anuario de Educación 2005  expresa que “es a partir de los 13 años que comienza un proceso de caída sistemática de la asistencia a medida que se avanza en la edad de los jóvenes. Dicho proceso avanza en forma claramente diferencial , admitiendo fuertes diferencias socio-económicas a medida que va progresando” es más pronunciado en los hogares con menores ingresos. El 26 % de los jóvenes de 15 años de los hogares de menores ingresos no asiste a ningún establecimiento educativo. A los 17 años esta cifra asciende a 48 % y 61 % a los 18” . (MEC 2005:53)

 UNICEF (2005) informa que sólo 4 de cada 10 jóvenes uruguayos de medio urbano entre 21 y 22 años han logrado culminar su Educación Media, relación que es inferior entre los varones. En Montevideo, el 17 % de las personas entre 8 y 15 años presenta un retraso con respecto al año escolar.

 En el informe de UNICEF (2006) leemos que el 44 % de los varones menores de 15 años y 35 % de las mujeres de la misma edad abandonan sus estudios en el ciclo secundario, siendo este proceso más intenso en las áreas rurales. A su vez, indica que quienes son excluidos del sistema de enseñanza no suelen reingresar; la mayoría de ellos proviene del 25 % de los hogares más pobres.

 En el Uruguay urbanizado, 1 de cada 10 adolescentes no trabaja ni estudia. Según el Observatorio de INCEF 2006 (UNICEF 2006) el porcentaje de adolescentes de 14 a 17 años según condición laboral y educativa 2005 se distribuye de la siguiente manera:

*sólo estudia-78,4 %

*estudia y trabaja –3,6 %

*sólo trabaja – 5 %

*no estudia ni trabaja – 13 %

La importancia que tienen los grupos juveniles en los jóvenes permite plantear la hipótesis de que si el estudiante en situación de vulnerabilidad, se integra al grupo de pares del centro educativo, las chances de permanecer en el sistema educativo aumentan.

 Las herramientas institucionales de inclusión escolar orientadas a la promoción de la continuidad y permanencia de los estudiantes en el sistema educativo podrán evitar  situaciones de exclusión y discriminación, asegurarán mayor igualdad y democratización de las relaciones, fortaleciendo y acompañando de este modo el “Derecho a la Educación”. Se trata de crear cultura de derechos. Se requiere, en la política un componente de comunicación y movilización social por lainfancia que además de visibilizarla más, de posicionar el tema, impacte los imaginarios y la cultura en el sentido deseado en cuanto llegar a la vigencia de una cultura de derechos.